El sonido del alma

El realizador que lo conozca bien y haya compartido algún proyecto artístico con él sabrá cuán difícil resultará para este manzanillero permanecer alejado de su sitio predilecto por más de cuatro décadas: la emisora Radio Granma, de esta costera ciudad del Oriente de Cuba.

En el presente un padecimiento (que vencerá con la misma destreza que imprimía detrás de una multibotonera) lo mantiene alejado de los “estudios de mis amores, en la que “hice” este cuerpo, Robertico.”

Tiene muchísima razón Guillermo Rolando de la Cruz Gacel, pues en los últimos 44 años en ese medio de difusión masiva es muy difícil que una obra artística, de alguna manera, no tenga el sello de calidad, destreza y precisión de este hombre alto de estatura física y profesionalidad; rudo y risueño; jaranero y ocurrente.

“Esta es mi casa, y siempre será mi casa, a la que entregué los mejores años de mi vida. Aquí llegué de manera oficial después de terminar el servicio militar en 1977 y realicé múltiples trabajos. Contribuí a revolucionar la emisora apoyando de recursos personales, del entusiasmo de hacer radio y con la ayuda de muchas personas.”

Así abre el diálogo entre los dos en el que compartimos la alegría (la de él es mucho mayor) de saberlo merecedor de la Condición Artista de Mérito de la Radio Cubana.

Pero Rolando, o simplemente “El Mulo” para todos, apelativo que hace referencia a la fuerza corporal y artística, tiene el privilegio de ser el único realizador de sonidos de este medio de difusión que ostenta en la Isla el Micrófono de la Radio Cubana.

Es considerado Maestro de maestros, reconocimiento que sostiene desde un expediente personal cargado de galardones a los distintos niveles: ¡más de 30 premios en festivales nacionales del medio!, jurado de diversos eventos y profesor de decenas de los sonidistas que hoy están aquí o en cualquier radioemisora del país.

“Muchos acuden a mi memoria ahora, pero el mejor es José “Pepe” González, que está en Radio Rebelde y permanece al tanto de mi salud. Actualmente, todos los sonidistas que laboran en Radio Granma fueron mis alumnos.

“Esto es lo mejor que uno puede tener: un mérito que te reconozcan por tu trabajo, por el desempeño al que has entregado todo es lo más lindo de la vida: he sido instructor de círculo de interés, cientos de cosas que me permitieron desarrollarme a plenitud. Laboré aquí y también para Radio Rebelde: todos los aniversarios de esa emisora hasta 2019 los hice yo acá, así que Rebelde soy yo también.”

- ¿Qué se necesita para triunfar en la realización de sonidos en este medio?

“Primero un amor eterno a la radio, mucho corazón e interés por lo que haces. Siempre mirar hacia delante. Un realizador no puede encasillarse que si es grabador, editor, musicalizador, no, no. Usted es realizador de sonidos y punto, es integral: un lápiz que “suene” tiene que descubrir por qué sonó así y dónde lo hizo.”

- ¿Fue complejo adaptarse a la tecnología digital?

“No, porque yo siempre he sido muy persistente, estudioso y me gusta documentarme sobre las “cosas” que hago o voy a realizar. Antes que llegara esa tecnología a Manzanillo recibimos una preparación de un profesor del Instituto Superior de Arte (ISA), de Holguín y mi amistad con el maestro Cándido Fabré favoreció la cercanía a su estudio de grabaciones, que posee tecnología digital. Así que cuando se “montó” en radio Granma ya no dominaba algo.

Rolandito se especializó y alcanzó inigualable maestría en las transmisiones en la “calle”, desde exteriores, indiscutible desempeño en los controles remotos desde el Pico Turquino, La Plata, y transmisiones de béisbol desde Pilón a Bayamo, y hasta instalaciones turísticas. Memorable fue la intrepidez de simular un viaje en helicóptero por la legendaria Sierra Maestra.

“Esa fue una idea de Jorge Ibarra Zabaleta, el uruguayo, que llegó para de manera excepcional revolucionar la radio cubana. Hicimos lo que él llamaba “televisar con la palabra”. Había que saberlo ejecutar.

“Ibarra me dijo: - “Oye compadre, ¿qué hacemos con esto?” Y yo: - “Olvídate que yo tengo la “locura” para hacerlo”. Inventé un sinfín con un pianito Cassio que tenía el maestro Wilfredo Naranjo “Pachy”, oí un sonido y me puse a teclear ahí. Cuando aquello la emisora tenía, como decimos, una identificación del “año de la bomba” y la actualizamos en la voz de Ernesto Martínez Robles.

“La transmisión “salió” y asombró no solo a los oyentes y nuestros colegas, también a los directivos del Instituto cubano de la Radio y la Televisión.”

“Quiero que me recuerden siempre como un realizador en el que se podía confiar, al que le dejaban un programa y al otro día lo tenía listo y el director expresaba: “Esto es lo que yo quería.” Siempre rescaté las ideas del líder de los programas, la penetraba en mi cuerpo y el alma y la convertía en sonidos exactos, lo que él deseaba.

“Tengo 65 años y más de 40 los dediqué a este medio aquí porque todo el que lo ama quiere hacer siempre algo mejor, perfecto para la radio cubana y más si es para tu emisora. Gracias a ti por compartir esta alegría. Saludos para los que me quieren y aprecian de manera sincera y real.”

 

 

 

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