Pasiones, un abrazo desesperado y la batalla contra la pandemia

Facebook y su servicio de mensajería me ahorraron el viaje, y me ahorraron también los protocolos, desde la red es fácil irrumpir en la privacidad  de los amigos, en medio del confinamiento, no hace falta coordinación previa para llegar a la vida de Reinaldo Cedeño, para desafiar su intimidad, para sumergirse en su universo atiborrado de pasiones.

Ciertamente se extraña llegar a su patio, inclinarse ante su limonero, aspirar la suavidad de su azahar, pero gracias a Facebook y su servicio de mensajería sé que Cedeño está bien, nos comunicamos a menudo, a veces lo noto temeroso, la actual situación lo amerita, tiene un padre octogenario que es su razón de ser y con quien le restan infinitas pláticas para redescubrirse y buscar esencias. Desde esa intimidad interrupta nos llegan algunas las actividades que hacen del tiempo de Cedeño una mina de creación, un lapso óptimo para compartir sus devociones y su quehacer cuando ha sido imperativo quedarse en casa.  

¿Qué has hecho en estos días de confinamiento sobre todo intelectualmente, que estás leyendo?

En estos días de reinventarse la vida, de querer tener la máquina de tiempo para dar un salto al futuro, de necesitar un abrazo desesperadamente…he leído fundamentalmente historias deportivas. Me he vuelto un lector de narrativas desde la realidad más que desde la ficción. Y cuando digo historias deportivas no digo solo medallas ni récords, sino las humanas historias que hay detrás. Es un mundo que siempre me ha fascinado, por su afán de superación. Tengo libretas y libretas de anotaciones de hace años que he desempolvado, y por primera vez me he podido detener a mis anchas, con afán de explorador, cotejando anotaciones, artículos y videos en red.

“Así me reencontré, por ejemplo, con Fanny Blankers-Koen, apodada ʿLa holandesa voladoraʾ. Ella esperó doce años para brillar, pues la Segunda Guerra Mundial lo frustró todo, y en la Olimpiada de la Resurrección (Londres, 1948) ganó cuatro medallas de oro. Tenía treinta años y para unos, era vieja para estas exigencias; para otros, una mujer que ya era madre de dos niños, no debía emplear su tiempo en correr. Ella, sin embargo, rompió todos los récords y todos los prejuicios. Haberla visto en viejos videos, en la pista de arcilla, con la indumentaria de la época, tiene un toque de irrealidad.

“También me sumergí en la amistad del mítico velocista norteamericano Jesse Owens con el saltador germano Lutz Long que data del árido escenario de Berlín 1936, con Hitler ya al frente. Se dice que el alemán le indicó a Owens algo que hacía mal técnicamente y fue esa una de las claves de su victoria. Long fue segundo. Son absolutamente conmovedoras las palabras de Owens: Se podrían fundir todas las medallas y copas que gané, y no valdrían nada frente a la amistad de 24 quilates que hice con Luz Long en aquel momento. 

“Pienso que ahora mismo necesitamos el ímpetu de una Fanny y la sólida amistad de Owens y Long, para vivir, para sobrepasar este momento terrible. Todo eso lo he compartido en un grupo de Facebook que llamé Atletismo Pasión. Me emociona cuántos campeones, recordistas, entrenadores, colegas, fans…. han decidido acompañarme, y compartir sus anécdotas, recuerdos y vivencias”.

¿Qué estás produciendo?

En el ámbito de libros, si de eso se trata… he podido revisar y autorizar finalmente dos libros de próxima aparición editorial: uno de periodismo y otro de cuentos. No sé exactamente cuándo aparecerán… pero en el momento que sea, sé que constituirá una gran alegría para mí y ojalá igualmente lo sea para la gente que me sigue o para el que me descubra. Prefiero reservar otros detalles, si me permites. También estoy revisando uno de poemas, de un doble filo: íntimo y social. La poesía es otro universo. Soy muy temeroso de ella y me tardo muchísimo en decidirme.

Echo mucho de menos a mis peñas Página Abierta y Piel Adentro que hacía una vez al mes en la Biblioteca Pedro Meurice y el café teatro Macubá, respectivamente, porque eso va formando una familia del espíritu. Muchos me llaman ahora mismo. Ese reunirme con artistas y amigos, ese forjar espacios para divertirnos desde el conocimiento o para analizar cómo aportamos cada uno en pos de una Cuba más inclusiva, más justa y más contemporánea, ha marcado mis últimos años. Siempre he pensado en un intelectual no como un cantor de su ego, sino como un transformador social.

Ahora, si me hablas de una producción en el ámbito interior, puramente personal, la mayor producción es la del pensamiento: esta es una etapa excepcional para discernir cuáles son las cosas verdaderamente importantes en la vida.

¿Cuáles de tus textos pueden ser útiles por estos días?

Hay un libro mío que ha tenido mucha suerte: Poemas del lente. Fue Premio Hermanos Loynaz en 2011. Lo presenté en muchas ciudades de Cuba y tuvo una edición enriquecida en México en 2017, gracias a la Universidad de Colima y a la editorial Puertabierta Editores. Son poemas basados en algunas películas que me han tocado. Incluso he tenido la dicha de que la profesora y ensayista Daysi Cué Fernández, por quien siento mucha devoción, los haya considerado antologables y los haya estudiado junto a otros prestigiosos autores. Ese es un libro de un diálogo exigente con el lector.

¿Qué crees que necesita un lector para acercarse a tu obra tanto en prosa como en verso?

La obra de un cronista, de un periodista como yo, está aquí y allá. Por suerte ya no depende de los avatares del papel, sino que basta marcar el nombre para que el lector escoja algo que quiera leer de esa persona, haya sido publicado en su muro de Facebook o, como en mi caso, en Radio Siboney Digital, mi blog La Isla y la Espina, Juventud Rebelde, La Jiribilla, Cubaperiodistas, El portal de la Radio Cubana… o en publicaciones de México, Estados Unidos, España… Prefiero que el lector escoja, tenga derecho al azar, a la sorpresa.

Quiero que hables de la radio, de tu vínculo con ella, háblame de Radio Siboney y sus propuestas.

La radio siempre estuvo en mi casa, desde niño; pero nunca esperé dedicarme a ella. Debuté como profesional en la prensa plana, en periódicos locales, primero en Guantánamo, donde tan bien me acogieron y me acogen; y luego en Santiago de Cuba, donde tuve experiencias de todo tipo.

Un día decidí que era hora de explorar otros caminos y me encontré con Radio Siboney, la pequeña emisora santiaguera dedicada a la música instrumental y la información cultural. Allí estoy desde mediados del 2000, defendiendo mi manera de hacer periodismo cultural, más desde la opinión, la inmersión en los procesos, la entrevista en profundidad… que desde el reflejo instantáneo de este festival, de aquel otro concierto, de la declaración tomada al paso con apremio.

Claro, todos los sitios, constituyen un desafío. Todos, repito. La vida es un desafío. Ahora mismo se agrega otro: por primera vez en su historia, esa emisora ha debido girar su perfil casi exclusivo de cincuenta años, para aportar lo suyo en materia informativa en esta batalla contra esta pandemia. Eso exige una adecuación violenta de todo su equipo. En eso estamos.  

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