"Los oyentes son mi familia, que mas puedo pedir"

Graduada de actriz de nivel medio, su incesante necesidad de superación la condujo a la Universidad de La Habana a estudiar Licenciatura en Comunicación Social, un importante escalón en la vida de Dylcia Oquendo, joven locutora que llegó a Radio Cadena Habana por un curso puntual y ya suma 15 años laborando en ella.

En este tiempo la joven ha crecido y justo ahora, que la emisora celebra sus primeros 80 años, Dylcia se siente orgullosa de formar parte de una historia donde la cultura, especialmente de la música cubana, es ponderada a través de sus más relevantes exponentes dentro en una variada programación.

Su carácter jovial y diáfano, una manera casi siempre picaresca de comentar y dialogar sobre los más diversos temas hizo muy fácil esta conversación con esta locutora, cuya voz en estos momentos es muy representativa de Radio Cadena Habana. Esta profesional a toda prueba comentó: “Llegué a la radio a través de un curso de actuación radial que impartió Iván Pérez, Premio Nacional de este medio. El curso se realizó en la emisora donde él aún labora, Radio Progreso. Más tarde, muchos de los jóvenes pasamos a otro curso, esta vez de locución, que sí se ofrecía en Radio Cadena Habana. Realmente era de habilitación para locutores, por entonces nunca imaginé llegar a dedicarme a esta profesión.

“Como muchos de mis compañeros llegué a Radio Cadena Habana para conocer un poco más de ese mundo que siempre me gustó. Tenía tiempo suficiente para adentrarme en él, pero mi idea era continuar mi carrera como actriz, ya fuese en el teatro o dentro del dramatizado radial, una especialidad que me fascina. Nunca pensé más allá de eso”.

Pero como las coincidencias no siempre están escritas, Radio Cadena Habana fue el sitio donde se inició como locutora, donde ha podido vivir experiencias increíbles y ha sido la escuela perenne, tanto que la define así: “Radio Cadena Habana para mí es más que una emisora de radio o un mero centro de trabajo. He pasado muchísimas horas aquí; de hecho, ya son 15 años pasando de un estudio a otro, de un programa en vivo a otro grabado. He podido pasearme por todos los géneros de la locución, y eso es una oportunidad y una confianza que me ha dado la emisora desde la primera vez.

“He podido asumir revistas musicales, programas, informativos, dramatizados, lo que no se logra en cualquier sitio. Por tanto, vivo inmensamente agradecida de la emisora y de los tantos profesores que he tenido no solo en el aula, sino también con los que comparto día a día, porque siempre continúan enseñando, a veces sin imaginarlo, y no saben cuánto aprovecho cada vez que hay una oportunidad de trabajar con ellos. Es fabuloso contar con un espacio como esta emisora y aportarle un poquito de mi trabajo para que siga siendo ese sitio en que tan bien se está”.

Entre otros logros, Dylcia Oquendo ha desarrollado un estilo muy propio para entrevistar, y en ello tiene mucho que ver su cadencia, su forma clara de decir y ahondar en los distintos temas sin perder lo coloquial. Al respecto, con toda sencillez, comenta: “La entrevista… (suspira). Lograr un estilo propio es el primer y gran sueño de cualquier locutor, profesión en la que, como mismo pasa en todos los aspectos de la vida, siempre estás aprendiendo. En el caso de la locución, para asumir un estilo que te distinga primero eso tiene que ver con ser uno mismo y, por supuesto, conocer la técnica del género.

“En la radio hay exigencias muy elementales que no se pueden violar: primero no se debe hacer dos preguntas a la vez porque una se queda sin responder, y el interlocutor puede preguntarte al aire: ¿y qué era lo otro que me decías? Tampoco las interrogantes pueden ser muy largas porque la persona se puede quedar, a ciencia cierta, sin saber hacia dónde lo lleva la conversación. Es indispensable mirar al interlocutor, aunque estemos en la radio, y hay que escuchar lo que nos dice para no caer en ese «ah, bueno, como ya te dije antes», sencillamente porque acabó de responderlo en una pregunta anterior.

“Igualmente creo necesario poder irnos un poquito más allá del cuestionario, aunque lo tengamos escrito –y no soy de las que hace esto último– pero sí lo tengo generalmente claro o hago mi punteo de lo que quiero preguntar o de la información que quiero obtener.

“Esas son pautas que uno debe acatar, son reglas básicas y, a partir de ahí, pues nos relajamos y procuramos una manera propia de decir, creamos un ambiente personal. Entonces llega el momento de colocarnos en el lugar del oyente, qué es lo que quisiera conocer del invitado quien nos escucha del otro lado. Aquí hago otra pausa, porque parto de la máxima de que los invitados, una vez que llegan a la cabina, son supremamente importantes y merecen toda consideración y respeto porque así es que también lo percibe el oyente”.

A partir de estas consideraciones a modo de curiosidad quisimos saber entonces lo que más disfruta de la locución y a lo que más le teme: “Lo que más disfruto es que la gente lo pase bien, tanto los oyentes como mi colectivo de trabajo, que llevamos casi todos más de 10 años juntos. Es un placer inmenso que el invitado se vaya satisfecho de la emisora, sobre todo por la calidez que haya podido encontrar en nosotros. Eso me hace sentirme muy útil.

“Confieso que me aterroriza quedarme «en blanco», no poder tener elementos suficientes para llevar adelante una entrevista, por eso es tan necesario estudiar siempre, es el único modo con que se puede suplir cualquier posible vacío en un momento determinado. La cultura es lo que favorece una locución fluida y puede salvarte de cualquier situación por complicada que parezca. Y en una cabina, en directo, puede pasar cualquier cosa, por tanto, hay que prepararse para para salir siempre lo más airosa posible”.

La emisora Radio Cadena Habana cumple 80 años y ya Dylcia Oquendo puede contar una parte de esa valiosa historia. Se despide la joven locutora ofreciendo un mensaje al público: “Los oyentes son mi familia, y no lo digo como una frase más o un eslogan pensado. Es que ellos nos pelean, nos alegran, nos quieren y nos defienden como familia, qué más se puede pedir. Los quiero tanto porque me han seguido y me han sido tan leales y lo son, no solo a mí, sino a todos los locutores de la radio.

“Me ven y pueden preguntarme por otros colegas, los ven a ellos y quieren saber de mí. Me llaman por teléfono directamente y me preguntan por la familia, saben de mi hija, mi esposo. Qué puedo hacer sino agradecerles y demostrarles que vale absolutamente la pena todos los sacrificios, los estudios que hay que tener, todo lo que se va dejando atrás, las labores cotidianas de la vida que se postergan un tanto por llegar a la cabina, por atender a una audiencia que ya te espera porque lo necesita.

“Sé que esos buenos días que digo tempranito está alcanzando a muchos, y yo los veo y eso me da regocijo y, a la vez, eso porta una carga de responsabilidad tan grande que siempre pienso en los oyentes. Lo hago cuando entrevisto, cuando veo a un invitado, por ejemplo, a Laritza Bacallao, y le digo: sí tienes que ir a mi programa porque tengo una oyente que se llama Maritza Rodríguez que es fanática a ti, y quiero darle esa sorpresa. Sé que cuando ocurra, “del otro lado del dial Maritza va a estar muy contenta y me va a llamar porque va a estar feliz, y eso me hace sentir muy dichosa.

“Realmente en Cadena Habana he sido muy feliz, tanto por los compañeros que he tenido, los amigos que he hecho y sobre todo porque esa audiencia me ha permitido estar allí, me ha dado su aprobación, me ha dado luz verde para mantenerme durante todos estos años, así que mi mejor mensaje para ellos es agradecimiento. Les agradezco mucho que también ellos sigan allí”.

Aun cuando no ha trabajado como locutora en la pequeña pantalla, al menos no ante cámara, aunque sí ha asumido algunos off y se ha desempeñado como actriz en espacios como Tras la huella o teleplays, sabemos que a Dylcia Oquendo le encantaría probarse más en televisión. Sería para ella un tremendo reto por la diferencia de lenguajes. ¿Qué tal si pronto ese sueño se hace realidad? Mientras, se deja acompañar por los seguidores de una radio que, como ya dijo, son parte de su familia.

 

 

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