Magdiel Pérez: de la radio a la televisión

Las mañanas de Radio Rebelde en el espacio Haciendo Radio, desde hace algún tiempo, tienen la impronta de Magdiel Pérez, conductor carismático e inteligente, amante de las letras, que ha encontrado en los medios masivos la realización exacta para acometer uno de los actos que más le placen: comunicarse con los otros.

Con clara dicción, respuestas y reacciones ágiles, de Radio Rebelde a Canal Habana el tránsito de este locutor ha sido importante para su crecimiento profesional, porque cada medio le exige retos específicos, el principal: la autopreparación. En ambos casos, el rol de anfitrión lo hacen ser reconocido como un comunicador diferente, con un alto poder de improvisación, capaz de usar el humor a modo de distanciarse de problemáticas que puedan resultar un tanto sensibles.

Con seguidores y detractores, lo cierto es que su voz es fácilmente identificable para crear con ella un rapport, aún sin conocerle. Tal vez esta entrevista sea una buena oportunidad para develar un poco sus por qué.

¿Cómo te defines?

-Soy un afortunado que tuvo la suerte de que se le concediera un micrófono para divertirse mientras trabaja. Y me quedo con la definición que reza en mi certificado de habilitación, donde dice: locutor, y donde supongo que se expresan e integran todas las habilidades que debe desarrollar y enriquecer todo el que se dedique a esta actividad, donde lo más importante es propiciar que llegue el mensaje, que este se comunique bien, de manera atractiva, cercana y diáfana.

¿Cuáles referentes han incidido en tu trabajo como locutor?

-Recuerdo con agrado y como referentes, por la manera en que dialogaban con sus audiencias, a Miosotis Parapar, Camilo Egaña, Yoel Valdés... ellos no están en Cuba, pero marcaron mi etapa de arribo a la capital. Me acerqué a la radio porque en los años noventa del pasado siglo este medio gozaba de una etapa de luces en materia de locución, con verdaderas luminarias que prestigiaron esta especialidad. En Las Tunas, Holguín, Granma, donde se hacía la radio que escuchaba de niño y adolescente, había una pléyade de voces admirables. Luego, en La Habana, Gladys Goizueta, Franco Carbón, César Arredondo, Betsy Acosta, Yamilé González, Miguel Sierra Castro, Virgen Ojeda, Luis Alarcón Santana... son nombres que me marcaron.

Hay un Magdiel diversificado según el medio en que labora, ¿qué elementos mantienes y cómo no repetirte?

-Trato de evitar la falta de naturalidad; intento, cuidando los elementos técnicos y artísticos, hablar como lo hace la gente común, el cubano de la guagua, de las colas, del surco. Repetirse es casi inevitable, pero hay que hacerlo desde la honestidad, la transparencia y la verdad.

En estos momentos hay noticias que lamentablemente tendrás que seguir repitiendo, ¿cómo hacer que lleguen al receptor sin dejar solo el lastre del dolor?

-Las noticias hay que darlas con el matiz que llevan, si son tristes e irreparables hay que evitar el melodrama y la edulcoración de los términos, pero no se puede perder la sensibilidad. Hay que intentar decir las noticias practicando la empatía, o sea, si yo fuera el oyente o el receptor, tener en cuenta cómo quisiera oír esto que voy a decir.

Se habla del trabajo en equipo, en tu caso compartes la experiencia de Sandra Hernández en Canal Habana, ¿cómo se gesta el equilibrio de la complicidad, sin que uno y otro pierdan su identidad?

-En Hola Habana ha sido Sandra Hernández mi guía, la ideóloga eficaz, mi equilibrio, mi sostén en la idea de que cada cual en su rol no brille más que el otro. Se trata de una sola conducción hecha a dúo, como se trata de un solo mensaje transmitido por un equipo. Es una suerte, un regalo afortunado trabajar con alguien a quien quieres de veras, con quien no sientes miedo a nada, con quien te diviertes y lloras, a quien abrazas con tan solo mirar; es una fiesta de paz sentarme a su lado.

-En la radio me gustaría conducir una revista de variedades en vivo, que interactúe con la audiencia, los especialistas y artistas que debatan sobre temas socioculturales, de psicología, sobre la vida, y que la música esté en función de lo que se hable, como una especie de tertulia abierta. En televisión me encantaría conducir un show con juegos de participación, espectáculos de imitación, donde pudiera interactuar con el público, y en el que intervinieran humoristas, orquestas y cantantes en vivo, o sea, un proyecto similar al que te comentaba para la radio, ¿por qué no llevarlo a la pequeña pantalla?

¿Algo más por decir?

-Algo más... sencillamente que disfruto mucho mi trabajo, me divierte y me hace feliz. No me empalagan ni corroen los halagos de la gente, y me gustaría que a los que no les gusta mi trabajo, los detractores, que también por suerte tengo, opinaran más sobre las cosas que no les agradan de mí, porque eso ayuda en muchos casos a mejorar, pero sería bonito y reparador que lo hicieran de forma respetuosa, adecuada y constructiva.

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