Primeras “Abdala” en Holguín, al brazo de los valientes (+Audio)

Hace ya unos cuantos años, en un viejo libro, escrito en primera persona, y a manera de memorias, por uno de los imprescindibles de la profesión que ejercemos, encontré, en solo un par de líneas una lección que desde entonces me acompaña, como razón de existencia:

“El día que no te emocione lo que haces, por pequeño o sencillo que parezca, que tus reportes no muevan tus propios sentimientos, ese día dejaste de ejercer el oficio que abrazas”

 Y hace pocas horas sentí viva, extraordinariamente viva, aquella vieja lección.

Nos habíamos apostado, desde el atardecer, a la entrada de los almacenes centrales pertenecientes a la empresa comercializadora de medicamentos de Holguín, localizados en los suburbios de la ciudad por la zona oeste. Se hizo de noche, y no llegaba “la noticia”, hasta que, todo sucedió en apenas unos segundos.

Ocho en punto de la noche sabatina.

De pronto, la oscuridad se ve rasgada por un chorro de luces azules y blancas, y al silencio del apartado lugar se le interponen el ulular de sirenas, y el sonido usual de los vehículos en marcha.

De color blanco brillante, nuevo, moderno, ahí estaba ya aquel enorme camión refrigerado, identificado solamente con un letrero azul en ambos laterales: “EMCOMED”.

Primeras “Abdala” en Holguín, al brazo de los valientes

La primera carga de vacunas “Abdala” ha llegado a Holguín.

En ese justo momento mi mente genera, espontánea, una emoción singular, son las imágenes del día que por primera vez entramos, con inmenso temor, a la zona roja del Hospital Militar de Holguín, donde, dicho literalmente, los médicos, enfermeras, y personal de apoyo, se jugaban la vida en aquella sala de cuidados intensivos, para salvar la de los demás, mi mente va rauda a los centros de aislamiento donde un puñado de jóvenes voluntarios atiende  como a familia propia a quienes quizás en un rato sean declarados portadores de la cruel pandemia, mi mente  va de nuevo al Hotel Oasis de Banes, donde aquel jovencito nos cuenta con inmensa humildad su voluntaria decisión de atender  en todos los servicios necesarios  a los pacientes, aun cuando hace muchos días no puede estar en casa junto a sus pequeños hijos, mi mente  se va a una calle Holguinera donde cumplí con el llamado de una paciente que en la madrugada  nos pidió localizar al chofer del ómnibus urbano 088, porque “ de su sensibilidad, y de su trato, durante el traslado, recibimos la primera y más importante medicación”, mi mente se va a Gibara, a la zona roja de una ciudad cerrada por los casos crecientes, donde conocí a aquella joven doctora de apenas dos décadas y media de vida, declarándonos su miedo inmenso, y al mismo tiempo su convicción de que permanecería allí donde ahora se le necesitaba”…

El enorme camión refrigerado reanuda la marcha, y se acomoda en el andén de descarga, donde un hormiguero de jóvenes estibadores, provistos con todas las medidas de bioseguridad están listos para la inminente operación.

Allí está también la licenciada Aliuska Escobar, directora de EMCOMED en Holguín.

La vamos a distribuir en tiempo récord, aun siendo el Día de las madres, todos nuestros trabajadores están listos desde ahora mismo, trabajaremos unidos y sin descanso durante todas las horas que sean necesarias este domingo, pero el lunes, las vacunas amanecerán en cada sitio asignado”

Primeras “Abdala” en Holguín, al brazo de los valientes

Este lunes, las cerca de cincuenta mil vacunas estarán listas, en más de setenta vacunatorios, de cuarenta sitios clínicos, para intervenir, primero, justa, y merecidamente, a esos miles de valientes coterráneos que combaten desde el primer día en los catorce municipios de esta provincia, incluyendo también a los estudiantes, encargados de las decisivas pesquisas.

Les confieso, ahora mismo permanece en nosotros un sentimiento muy especial, donde se unen la alegría, el agradecimiento, y el amor.

Los periodistas estamos para contar historias como estas.

Y a estas historias le falta lo que, en nuestros recorridos por los sitios de vacunación, nos vamos a encontrar otra vez, seguro, serán esos miles de valientes, aplaudidos cada noche, ahora armados con Abdala, listos para seguir entonando su hermoso canto a la vida.

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