No será con calumnias con que frenen la marcha indetenible de nuestros pueblos

Un diplomático cubano fue declarado persona non grata en Colombia este viernes. Se trata del Primer Secretario de nuestra Embajada en Bogotá, Omar Rafael García Lazo, por lo cual nuestra cancillería convocó inmediatamente al Embajador de ese país en la Mayor de las Antillas y le trasladó, mediante nota verbal, nuestra enérgica protesta por tal decisión

La cual se considera injustificada y con una clara pretensión de “desviar la atención de la comunidad internacional y la sociedad colombiana de la represión violenta de las fuerzas militares y policiales contra los manifestantes que ha provocado decenas de muertes y cientos de heridos”.

Ajustado a la transparencia que caracteriza la diplomacia revolucionaria cubana, nuestro Ministerio de Relaciones exteriores consideró a la decisión de su par colombiano, de inamistosa, al “expulsar al diplomático cubano en medio de las manifestaciones multitudinarias que se desarrollan desde el 28 de abril en esa nación, como respuesta del pueblo colombiano a las medidas de ajuste neoliberal”.

La irracional decisión del gobierno colombiano pudiera parecer aislada, pero inmediatamente medios de prensa como El Nuevo Herald se hicieron eco de la misma atacando al joven diplomático cubano, acusándolo de todo tipo de mentiras infundadas y por supuesto, también a Cuba. Por cierto, unas horas antes, figuras nefastas para nuestra región como Lenín Moreno, habían culpado públicamente a los gobiernos de Caracas y La Habana de promover las manifestaciones en Colombia. ¿Casualidad? Creo que más bien se habían demorado.

No es la primera vez que se acusa a nuestros países de intervenir en asuntos internos de otras naciones de la región donde impera la derecha neoliberal y donde se reprime abiertamente al pueblo, donde se cometen crímenes con total impunidad y las personas se cansan, se rebelan, salen a las calles a exigir sus derechos, a pedir pacíficamente no se les impongan nuevas medidas que impliquen retrocesos sociales y solo beneficien a unos pocos, en el poder.

La arremetida contra la diplomacia revolucionaria cubana y sus representantes tiene los mismos fines que la campaña mediática contra la colaboración medica cubana en el exterior y han servido de pretexto, no para desprestigiar nuestra nación, también para justificar sanciones y medidas coercitivas unilaterales que afectan directamente a nuestros pueblos.

Lo que no les perdonan a nuestros diplomáticos es la ética revolucionaria y humanista que en todo momento los acompaña, su capacidad para cumplir sus misiones apegados a la Convención de Viena y al derecho internacional, pero a la vez, decir la verdad y luchar contra toda injusticia donde quiera que ocurran, su disposición para estar siempre al lado de los más desfavorecidos, de acompañar las causas justas y enarbolar las banderas que durante muchos años ha forjado la Revolución Cubana.

Tampoco pueden perdonarnos la dignidad, la misma que han mostrado nuestras organizaciones de masas, sociales, estudiantiles, las instituciones culturales y las que agrupan a la gran mayoría del pueblo cubano, quienes por estos días han levantado su voz contra las injusticias, los crímenes directos que se cometen contra el pueblo colombiano, las tantas vidas que está causando la violencia y la represión policial, justificada a viva voz por el presidente Iván Duque.Algunas preguntas se imponen también: ¿Dónde han estado la OEA, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y tantas otras organizaciones internacionales y regionales en días como estos en los que asesina y se hiere a cientos de personas en las calles colombianas y el silencio es su elección, o, mejor dicho, lo que le indican hacer, ¿pues solo este viernes fue que el señor Luis Almagro condenó los asesinatos? ¿Por qué se arremete en este contexto contra Cuba y Venezuela y lo que ellas representan? ¿Será acaso una forma de desviar la atención del fracaso de las acciones subversivas, las tantas campañas mediáticas que se gestan contra nuestros procesos revolucionarios con “huelguistas” de turno incluidos y hasta acciones terroristas pagadas desde el exterior? ¿No tendrán gobiernos como los de Estados Unidos o el de Lenin Moreno suficientes problemas internos en sus países – sobre todo los cientos de miles de fallecidos por la pandemia – como para estar gestando más acusaciones infundadas contra los nuestros? Y, por cierto, ¿Cuba está por fin al borde del descalabro – como lo califican los mal llamado “medios independientes” financiados por EE.UU. - o está “a punto de descalabrar a América Latina”?

En un cartel de los tantos que alzan en sus manos los manifestantes colombianos por estos días, pude leer un mensaje conmovedor: “Si un pueblo protesta y marcha en medio de una pandemia es porque el gobierno es más peligroso que el virus”. Eso es lo que quieren esconder, tergiversar, manipular, acallar. Lo que no le conviene a la derecha imperial es comprender y que se extienda por toda la región y por el mundo la verdad de nuestros pueblos, sus reclamos más genuinos y verdaderos, la dignidad con que los defendemos, a costa de cualquier sacrificio, ante cualquier amenaza, como lo han hecho los de Cuba y Venezuela ante el imperio más feroz por más de 200 años.

No será con calumnias con lo que frenarán la marcha indetenible de nuestros pueblos, ni la solidaridad, ni la voz digna de nuestros diplomáticos cuando sea necesario. Los pueblos son sabios y renacen siempre.

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