Ramón Pez Ferro: “El sacrificio del Moncada no fue en vano” (+Audio)

De la veintena de hombres que ocuparon en la mañana de la Santa Ana del año 1953 el Hospital Civil Saturnino Lora de Santiago de Cuba solo uno sobrevivió, además de las dos mujeres que participaron Melba Hernández y Haydée Santamaría. Era el joven de apenas 19 años Ramón Pez Ferro, quien se hizo pasar por acompañante de un veterano de la guerra de independencia para no ser asesinado.

A pesar de que parecía un niño, por su delgadez y baja estatura, nunca dudó en lanzarse al combate en busca de la independencia de Cuba. Después de varias jornadas preparándose, tanto en la Universidad de La Habana y en zonas rurales aledañas a su pueblo de Artemisa, llegó la hora de partir a tierras indómitas. Como pretexto, a sus padres les dijo que iba a pasar unos días en casa de la abuela que vivía en el municipio Marianao.

“Son recuerdos que permanecen imborrables en la mente de los que tuvimos la oportunidad de estar ahí. Fueron momentos muy tensos, pero estábamos convencidos de lo que íbamos hacer. Sabíamos que la situación era difícil, pero era imprescindible para conseguir el triunfo de la Revolución”.

Desde que conoció a Fidel a finales del año 1952 se convenció que era el líder que necesitaban.

“Estábamos guiados por Fidel Castro, que nos inculcó que lo que íbamos hacer ahí era muy importante para la República de Cuba. Por lo tanto, teníamos un gran espíritu revolucionario y de lucha”.

Ramón Pez Ferro, antes y durante las acciones del 26 de Julio, tuvo mucha cercanía con Abel Santamaría.

“Fue la persona que nos atendió directamente. Con Abel tuve el honor de participar en el asalto al Hospital Saturnino Lora y estuvimos juntos en el momento de la lucha”.

A Pez Ferro le reconforta saber que la sangre que se derramó en los ataques a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes no fue en vano.

“La sangre que se derramó no fue por gusto. El triunfo posterior de la Revolución en enero de 1959, gracias a la lucha que se inició precisamente en el Moncada hizo ofrecerles a esos mártires el mejor de los homenajes, que fue alcanzar los objetivos por los que ellos lucharon y por los que ellos murieron”.

 

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