Una ojeada al pasado. La indigencia (lll)

Como expliqué en dos entregas anteriores, les hablé a nuestros muchachos (as) acerca de temas que caracterizaron a nuestra Cuba en aquellos períodos previos a la Revolución de 1959.

Comenté sus características generales y, en segunda ocasión, intenté explicar, someramente, cuál era la situación de la vivienda, al menos en sus aspectos más importantes. Ahora, en esta nueva oportunidad, me interesa hablarles sobre la indigencia, tratada como un complemento de la vivienda por su incuestionable vínculo a ella.

Es así que empezaré por referirme a los llamados barrios de indigentes que existieron en toda la Isla, y particularmente en nuestra capital. Hay que decir, en primer lugar, que tales barrios constituían un fiel reflejo de un sistema oprobioso basado en la injusticia social,  mostrado en su forma más desgarradora.

Un simple vistazo nos asoma a la situación de La Habana. Veamos: existían barrios enteros de indigentes como única vía para los más pobres; todo era inversamente proporcional: crecían las viviendas para las clases media y rica mientras se acrecentaba el desamparo de los pobres; estos últimos ocupaban espacios interiores de muchas manzanas. ¿Cómo eran? Pues verdaderas chozas construidas con estructuras de carros desarmados y forradas con yaguas u otros materiales en desuso; también se levantaban con cartones sólidos y todo tipo de desechos.

De tal forma eran los barrios “Llega y Pon”, “Villanueva”, “Cueva del Humo”, y “Las Yaguas”, por solo citar pocos ejemplos. Existieron también las llamadas cuarterías, quizás como una versión un tanto más avanzada, pero igualmente inapropiadas y carentes también de mínimas condiciones de vida; muchas de éstas llegaron a desmantelarse, pero solo para construirse en los mismos lugares edificios de oficinas y apartamentos con altas rentas.

No debo dejar de mencionar la labor “altruista” nada más y nada menos que de aquel mal que duró más de cien años, el tristemente célebre “Diario de la Marina”. Allá por 1936 afirmaba como una burla cruel, refiriéndose a uno de tales barios,  “Allí se está fomentando la solidaridad humana, el cultivo de la mente y el espíritu, y además los medios de trabajo esenciales para la conquista de un mejor nivel de vida”. Fíjense hasta dónde puede llegar la maldad, ya que tales palabras constituían una verdadera burla a los seres que se veían obligados a vivir en condiciones paupérrimas por culpa de una sociedad esencialmente injusta y corrupta. Bueno, personalmente conocí muy bien lo que representaba aquel libelo de la información de los Rivero,  plegado a los intereses más bajos y ruines de la gran burguesía.

Pero, en contraposición se alzaban voces de figuras prestigiosas que calificaban como “honda tragedia social que constituía un retroceso de tres siglos en cuanto a urbanidad”; agregándose que “aquellos barrios eran verdaderos bohíos de yaguas, cubiertos de planchas de zinc, cartón u otro material precario”. Claro, todo lo afirmado hasta aquí debe considerarse como una muestra con sus aspectos más relevantes. Ojala les resulte útil. Ya ves, que de este tema y muchos otros no hablan los grandes medios de comunicación, porque no les interesa el conocimiento, pero Sí, mucho, la ignorancia para seguir oprimiendo, para seguir explotando.

“Hablo en nombre de los niños que en el mundo no tienen un pedazo de pan; hablo en nombre de los enfermos que no tienen medicinas; hablo en nombre a los que se les ha negado el derecho a la vida y la dignidad humana”.

Fidel Castro Ruz . 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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