Una ojeada al pasado. La vivienda (II)

Acerca del pasado en Cuba antes del triunfo revolucionario les hablé a mis muchachas y muchachos, brindándoles una muy apretada síntesis de lo que éramos en aquella etapa, caracterizados  como una verdadera neo colonia yanqui.

Les dije entonces que, en lo adelante, apuntaría ya elementos concretos mediante entregas progresivas referidas a aspectos vitales de aquella sociedad que, por supuesto, jamás volverá. Por tanto, vamos al grano, iniciando por la vivienda. En primer lugar, debo aclararles que éramos una típica imagen de una colonia, la misma que, lamentablemente, aún se constata en muchos países de nuestra América, donde la garra yanqui ha hecho y hace tanto daño.

Al triunfo de la revolución el sector de la vivienda se encontraba muy gravemente deteriorado, con un tremendo déficit habitacional. Existía una gran diferencia entre el campo y la ciudad y, en general, asentamientos de pobreza extrema. Las clases más pobres mal vivían en sitios como bajareques, barracones y hasta en las llamadas “cuevas del humo” o “las yaguas”, verdaderos símbolos de un sistema odioso donde se enseñoreaba la riqueza por encima de los más elementales derechos de los ciudadanos.

Es a partir de 1907, recién inaugurada aquello que se atrevían a nombrar república, en que se inicia con más fuerza la influencia de EE.UU. en Cuba. Introducen el estilo neocolonial en palacetes y residencias que mostraba la clase rica y la presencia de los monopolios en la Isla. Grandes edificaciones trataban de parecerse a las del país norteño, como por ejemplo el Capitolio Nacional respecto al de Washington.

Les ofrezco un dato interesante aunque penoso: el 74,5% de las viviendas no pertenecían a sus moradores,  eran arrendatarios o llamados también inquilinos. Les menciono algo en este particular: para alquilar una vivienda debía pagársele al dueño uno o dos meses como garantía más el mes en curso; debía que someterse a muchas medidas, algunas de ellas hasta tontas; más la advertencia de ser desahuciados –entiéndase botados a la calle- si dejaban de pagar algún mes, aunque el motivo fuera un problema humano. La imagen era la siguiente: se personaban la policía, un funcionario judicial y, por supuesto, el dueño de la vivienda. Y sin importar el sufrimiento de la familia se procedía a botar a la calle todas sus pertenencias; y todo ello con la mirada piadosa e indignada de los vecinos.

Algo que llegó a convertirse en habitual fue el hecho cierto de que los dueños de viviendas y edificios multifamiliares  construían en la capital fundamentalmente, porque obviamente la rentabilidad era mucho más elevada; tan era así que las nuevas construcciones en La Habana llegaron a alcanzar el 80% aproximadamente.

En otras palabras, el objetivo supremo era la ganancia económica, pero jamás las necesidades sociales del pueblo. Es que las leyes ciegas y perversas del capitalismo llegaban también a la capital, ¿por qué?. Bueno simplemente por la existencia de un ostentoso litoral, exclusiva urbanización de la burguesía; lujosos edificios; fastuosas residencias ubicadas en el reparto Miramar u otros con “prestigio burgués”. Y por otro lado barrios de indigentes en condiciones infrahumanas como el famoso “Las Yaguas”. Obviamente, es fácil imaginar entonces la situación de las zonas rurales.

Y qué decir, de la odiosa guardia rural, empeñada en derrumbar cualquier bohío que obstaculizara el camino o carretera que pretendía construir un gran señor ricachón, el que no entendía de sentimientos humanos si de aumentar su riqueza se trataba. Llegaba la mencionada guardia –verdaderos asesinos de infelices guajiros- lanzaba al techo una soga gruesa atada a un buey que, al caminar hacía trizas aquella choza. Nadie podía intervenir para evitar le injusticia,  so pena de ser asesinado. Sin embargo, como decían algunos viejos, no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista: Llegó 1959 y con él la Revolución cubana. Barrió de un plumazo tanta injusticia, y el problema de la vivienda asumió una de las grandes prioridades; desde la más alta dirección del país se chequea el plan de construcción; se critican las deficiencias y se reconocen los logros; las nuevas construcciones resultan dignas para los seres humanos y, en definitiva el tema de la vivienda es considerado en Cuba como un derecho humano. Y todo ello a pesar del criminal bloqueo.

Permíteme una nueva entrega próximamente para seguir hojeando cómo era la Cuba que nunca más volverá. Gracias. Ojala te resulte útil estas breves notas.

¿Cuándo se ha levantado una nación con limosneros de derechos? José Martí

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