Una ojeada al pasado (I)

Lo hago, con el  permiso de nuestra juventud, que admiro y respeto y, además, porque soy totalmente convencido que es imprescindible asomarnos al pasado de nuestra Isla rebelde para comprobar cómo era aquella etapa tenebrosa y cruel que les tocó vivir a personas como yo que pronto llegarán a las 8 décadas de vida.

Y lo principal: comprender con la mayor justicia la situación que vivimos hoy, con nuestros propios errores –que no ocultamos- pero también disfrutando de una vida digna que jamás nuestro pueblo vivió antes de la Revolución cubana. Así que mi mayor recompensa es que tu, muchacha o muchacho, encuentres en estas modestas líneas verdades inobjetables del pasado que te permitan establecer cuánto orgullo podemos sentir de vivir en esta tierra, a pesar de las criminales acciones del enemigo empeñado en destruirnos para saciar su sed de odio y venganza solo porque queremos vivir sin tutelaje, y con dignidad.

A continuación una primera entrega: cómo era Cuba antes de 1959. La respuesta es simple, aunque triste. Éramos, sencillamente, una colonia yanqui. Terribles males constituían un verdadero insulto al decoro humano; te menciono solo algunos: economía basada en la zafra azucarera, cuyo precio de exportación a EE.UU. lo fijaba ese país y no Cuba; el llamado tiempo muerto de nuestro campesinado, unos miserables pesos en breve tiempo de zafra, e inmediatamente después el hambre y otros graves problemas para ellos insolubles; la mendicidad por doquier, seres suplicando alguna moneda que les permitiera seguir muriendo en vida; altísima tasa de desempleo y analfabetismo; el juego y prostitución; y el muy pobre acceso a la salud o ninguno en muchas regiones de la nación.

Naturalmente, hay mucho más que decir acerca de lo que fue Cuba en aquella etapa triste: digamos la politiquería que ejercían seres inescrupulosos que prometían al pueblo agua, caminos, escuelas y otras “bondades” a cambio del voto, pero si eran elegidos se dedicaban a incumplir todas aquellas promesas y a enriquecerse. Otra muestra era la existencia de barrios solo para ricos y otros de pobres o marginales; los primeros eran permanentemente vigilados por los llamados guardia jurados, que no permitían la entrada a negros o personas que a su juicio, le resultaba sospechosas, y los segundos integrados por gentes marginadas de la misma sociedad que los despreciaba y nombraba como delincuentes, claro los de capas inferiores porque los verdaderos de cuello blanco eran intocables o de “las clases vivas”, que chupaban la sangre nutriente de los pobres. Y no puede obviarse el hecho de que la mafia yanqui había penetrado al país, con proyectos para enriquecer aún más a los poderosos.

Por supuesto, como fácilmente puedes inferir, en aquello que llamaban república ni remotamente pienses que existieran polos científicos de prestigio internacional, ni el país sembrado de escuelas, incluyendo lugares remotos en zonas montañosas; ni consultorios del médico de familia; ni miles de profesionales de las más diversas carreras; ni mujeres que gozaran del respeto de toda una nación; ni niños vacunados contra 7 u 8 enfermedades, incluyendo la de la poliomielitis; ni mujeres a las que se les protege su embarazo antes y después del parto al nuevo ser mediante consultas programadas. En fin, puedo mencionarte decenas de ejemplos adicionales, pero el espacio no me alcanza.

Por tanto, me agradaría contar contigo para seguir tratando este tema en próximas entregas, pero haciendo hincapié con mayor especificidad, de modo que, al final, puedas contar con mayores elementos para un juicio sereno y desprejuiciado, muy alejado, obviamente, del veneno en cápsulas que aparece en las redes sociales.

Es muy importante tener presente que el enemigo intenta corromper, a toda costa, tus principios y tu decoro personal; que te conviertas en enemigo de tu propia patria; que te dejes llevar por cantos de sirena que te anuncian un futuro donde reine el dinero y el egoísmo y no la justicia y la solidaridad humanas. Definitivamente, te aconsejo que cuides mucho tus sentimientos y no te dejes arrastrar, piensa por ti mismo, y –muy fundamental- respeta a los jóvenes como tú que pasaron a la historia como seres sagrados de la patria cubana.

Y algo más: estudia a nuestro Martí con la mayor profundidad y dedicación. Si lo haces será la llave que abra tu triunfo moral como cubano. Créeme. Él Maestro dijo en cierta ocasión…

Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del sur al mar del norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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