El egoísmo y sus espantos

A estas alturas ya no queda ni la más mínima duda respecto a la enorme injusticia que prevalece en el mundo llamado “desarrollado”,  y ello queda demostrado cruelmente cuando vemos la situación de la actual pandemia que castiga a la humanidad. Aprecie usted lo siguiente: solo 10 países concentran el 95% de los inmunizantes creados; Australia, Canadá, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea constituyen los principales monopolizadores de las vacunas.

Obviamente, los datos anteriores, por sí solos, demuestran tal inequidad que ya se hace insostenible y sumamente peligrosa para nuestro sufrida humanidad. Igualmente se demuestra que el orden internacional impuesto por las grandes potencias que defienden al capital muy por encima de los grandes valores humanos no encuentra, ni encontrará, beneficio alguno para los pobres del planeta.

Un acaparamiento salvaje e incontrolado se produce en los países más ricos. Por ejemplo, ya han comprado mil millones de dosis de vacunas contra la Covid-19, es decir, mucho más de lo que necesitan para inmunizar a su población. Imagine que con la cantidad en demasía, refiere Prensa Latina, se podría vacunar a toda la población adulta de Africa. Y vea usted cuan grotesca injusticia -dice Bernie Sanders-  se advierte en el caso de Israel, país que dona un exceso de vacunas a países aliados, mientras los palestinos aún no han sido inmunizados, es decir, los mismos que oprime, mata y les roba territorios en su ciega carrera por el exterminio de ese grupo humano. El caso de Estados Unidos, la cúspide de la pandemia  mundial, es otro ejemplo de bárbara injusticia, porque los más afectados son los negros y latinos, incluyendo a más de 3,1 millones de niños que representan el 13,1% de todos los casos positivos.

¡Cuánta barbarie! Ya el propio director general de la OMS ha responsabilizado a los países ricos de interferir en la distribución equitativa de las vacunas, con el objetivo de obtener dosis adicionales, obviamente, con el propósito de aumentar sus ganancias a costa del sufrimiento humano. Pero no todo es de color negro, porque hay países que dan ejemplos de convivencia humana desinteresada: digamos Rusia y China, naciones que han logrado éxitos con sus respectivas vacunas y las comparten con muchos países de bajos recursos; Cuba muestra impresionantes logros a pesar de contar con sensibles dificultades económicas consecuencia del bloqueo yanqui y ya acaba de comenzar la vacunación en fase III de Soberana 02 propia y otras que andan en ese trayecto con resultados muy positivos.

Y en todo este entramado de injusticias que hoy sufre el mundo no podía faltar el papel de los grandes medios de comunicación inyectando veneno en vez de inmunizantes. Digamos por ejemplo que las vacunas Pfizer y Moderna de EE.UU, y Astra Zeneca de Reino Unido y Suecia obtienen una gran divulgación; pero nada o muy poco se menciona acerca de la disposición de Rusia, China y Cuba al declarar su disposición de distribuir gratuitamente las vacunas en el mundo. Pero lo que sí hacen es ignorar y hasta denigrar el trabajo brillante y abnegado de los países citados. No hay duda: es la eterna lucha entre la injusticia y el desinterés, entre la maldad y la solidaridad. Por tanto, ha llegado la hora de asumir las virtudes, única vía para vivir dignamente.

Nuestro José Martí, con su genialidad, habló sobre el egoísmo humano:

El egoísmo es el mal del mundo” “El egoísta es dañino, enfermizo, envidioso, desdichado y cobarde".

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