Somos de ¡Patria o Muerte!

El viernes 4 de marzo de 1960 en La Habana todos se entregaba a su diario vivir: trabajo, escuela, planes para el fin de semana, y otros que ya pensaban en el verano cada vez más próximo. La mañana bullía en actividades.

Escasos minutos después de las 3 de la tarde se oyeron explosiones que estremecieron a la ciudad capital y sus habitantes; las sirenas de ambulancias y bomberos empezaron a sonar. Fuego y humo se avizoraron provenientes del antiguo muelle Tallapiedra, y allí acudían decenas de personas a rescatar a las víctimas del siniestro acabado de consumar. 

Pronto llegaron al lugar Fidel, Dorticós, el Che y otros dirigentes de la Revolución. Cuba y su Revolución naciente acababan de ser agredidas aquel día con el primer acto de terrorismo de Estado perpetrado por el gobierno de Estados Unidos. Se había producido la explosión del vapor francés La Coubre, que traía armamentos comprados a Bélgica para defender las conquistas del pueblo. 

Hacía meses que Estados Unidos, país gestor de aquel acto terrorista, le había prohibido a Cuba comprar armas para defenderse. Una Revolución con el apoyo mayoritario de su pueblo no podía adquirir armas en el mercado estadounidense; en cambio, aquella misma potencia suministró pertrechos y logística a la tiranía de Batista, y lo hizo hasta pocos meses antes de la huida del tirano. 

Todo lo contado hasta aquí pertenece a una historia que nunca olvidaremos. La voladura de La Coubre solo fue la antesala de una cadena de actos terroristas y crímenes de lesa humanidad contra el derecho a decidir su destino. En todo el siglo veinte aquel fue el más alevoso atentado perpetrado por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana. Cien hogares humildes de Cuba se enlutaron y más de cuatrocientas personas resultaron lesionadas, muchas de ellas con secuelas que durarían por toda su vida.

La irónica realidad de practicar el terrorismo de Estado contra un país al que ahora mismo han vuelto a acusar.

Nunca se han puesto tan de acuerdo la soberbia, la prepotencia, la injusticia y el crimen. Con el sabotaje a La Coubre el imperio inició su “cobro” en vidas y sufrimiento como cuota macabra a pagarle a cambio de mantener nuestra dignidad. 

Al día siguiente, el 5 de marzo, entre el llanto por las vidas truncadas y la ira ante la felonía imperial,  el pueblo de La Habana en representación de toda Cuba, con nuestro Comandante en Jefe al frente, fue a despedir a las víctimas. Fidel hizo uso de la palabra y proféticamente dijo al comenzar:

Hay instantes que son muy importantes en la vida de los pueblos; hay minutos que son extraordinarios, y un minuto como ese es este minuto trágico y amargo que estamos viviendo en el día de hoy.” (*)

El máximo líder de la Revolución Cubana ofreció una panorámica de todo cuanto había acontecido el día anterior. Analizó los pormenores del hecho concluyendo que se había tratado de un crimen premeditado contra la Revolución, contra Cuba, contra su independencia y contra la vida de los hijos de este país. 

Frente a una amarga realidad nacía una consigna que nos acompaña hasta hoy, cuando expresó:

Solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir patria.  Y la disyuntiva nuestra sería Patria o Muerte.” (*)

Entre tanto dolor emergió Patria o Muerte que manifiesta la voluntad soberana de nuestra nación. 

En el concepto de Patria van implícitos valores inalienables como la soberanía y la autodeterminación de Cuba como país libre. Ello abarca la justicia social plena para todo nuestro pueblo y su acceso a la salud, la educación y la realización de cada uno de sus miembros. Decir Patria o Muerte es una opción por la vida, la felicidad y el bienestar de las y los cubanos. 

Tenemos Patria y estamos dispuestos a morir por ella porque en la Patria está la vida. Nuestra opción por la disyuntiva de Patria o Muerte es la más genuina opción por la vida. El regreso al ominoso pasado, a una vida de sometimiento neocolonial, no es otra cosa que una forma de morir. 

Desde el 5 de marzo de 1960 nuestra opción legítima es Patria o Muerte. Desde entonces le apostamos a la Patria, que significa vida, dignidad y decoro. Juramentados en esa consigna y seguros de su legitimidad, nuestro eterno Fidel la completó 92 días después de haberla pronunciado por primera vez. 

Así surgió como espada y escudo de la voluntad suprema de todo un pueblo: Patria o Muerte ¡Venceremos!

(*)Palabras pronunciadas por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, en las honras fúnebres de las víctimas de la explosión del barco “La Coubre”, en el Cementerio de Colon, el 5 de marzo de 1960.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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