¡No arrojad margaritas a los cerdos!

Los puercos –llamados también así- obviamente pueden adaptarse fácilmente a condiciones higiénicas deplorables; experimentan ansiedad y deseos irrefrenables cuando le tiran desperdicios de alimentos a cambio de su inaudita mansedumbre; se ceban sin repugnancia porque ya están acostumbrados.

En otras palabras: parecen contentos, de tal modo que hasta  un buen día perecen sin penas ni glorias. Y aunque parezca increíble, existen humanos que pasan por la vida del mismo modo que el susodicho animalito, al que sí le debemos reconocimiento por el bien que nos hacen en nuestra alimentación. Pero créase o no hay grupitos que en su accionar malvado se parecen en mucho al animalito de marras que intento describir.

No viven ciertamente, más bien vagan sin dignidad, ni decoro, ni decencia, sin principios humanos y, sobre todo, sin amar a sus hermanos de la misma tierra, y mucho menos a la patria de la que, lamentablemente, nacieron. Se prestan, verdes por medio del norte revuelto y brutal, para cualquier tarea por repudiable que sea, como  profanar al más universal de los cubanos,  José Martí; nuestra sagrada bandera envolviendo el cuerpo desnudo  de un delincuente sentado en una taza sanitaria, u otro de la misma calaña haciendo lo mismo pero en una céntrica calle de La Habana. ¡Y no les basta!, ya que piden a gritos que el amo imperial tome la decisión de destruir a Cuba cueste lo que cueste aunque sea con la muerte de millones de cubanos.

Ha hecho muy bien la televisión cubana en mostrar imágenes de estos grupos de malos cubanos y cubanas exhibiendo a todas luces su indignidad y destilando un odio a ultranza para complacer al que le paga por su desempeño lamentable y, muy probablemente, esperando nuevas órdenes para obtener nuevos billetes. Así son, viven en nuestra propia tierra; vociferan que reciben maltratos; que no tienen derechos; que la policía los golpea solo por tener opiniones opuestas al régimen (ojo con la palabrita régimen que puede sugerir maldad); e increíblemente hacen énfasis en la cultura cubana para denostarla y hacer ver que los desprecia, por lo que se ven “obligados” a protestar ante el Ministerio de Cultura y otros lugares.

Son los mismos que ni las gracias dan cuando son sometidos a una compleja operación de corazón o de cualquier otro tipo, salen de alta y continúan haciendo contrarrevolución nuevamente, todo ello sin pagar  un solo centavo al Estado cubano; como tampoco contribuyen con la escuela donde estudian sus hijos, por solo citar dos ejemplos. Definitivamente nada merecen, a no ser el desprecio. Ya no es posible con ellos la persuasión y el llamado a la conciencia porque usted no resuelve absolutamente nada lanzando margaritas a los cerdos.

Y ahora, para colmo, como pacotilla de desvergüenza, se lanzan a una consigna que denominan Patria y Vida. Porque creen cínicamente que lograrán revertir la digna frase de Patria o Muerte que pronunciara nuestro querido Fidel Castro con su lógico sentido, es decir, que preferimos morir antes que cejar en el empeño de construir una patria digna, libre, soberana y solidaria. Porque no concebimos la Vida, como dicen ellos, inclinando nuestra cabeza, porque como dijo nuestro Martí

Ya se han cansado nuestras frentes de que se tome sobre ellas la medida de los yugos,- aunque hay frentes que no se cansan de esto nunca”.

Con su anuencia volveré sobre el tema, hay que seguir denunciando.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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