Los principios de José Martí para Cuba y el mundo

El 29 de enero de 2003, en el acto de clausura de la Conferencia internacional Por el equilibrio del mundo, efectuada en La Habana con motivo del sesquicentenario del natalicio de José Martí, el máximo líder de la Revolución Cubana Fidel Castro aseguró al referirse a la trascendencia y vigencia de la vida y obra de quién puede considerarse un hombre de su tiempo y de todos los tiempos: 

“Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos. ¿Por quiénes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento.”

Fidel además resaltó:

“El mayor monumento de los cubanos a su memoria es haber sabido construir y defender esta trinchera, para que nadie pudiera caer con una fuerza más sobre los pueblos de América y del mundo. De él aprendimos el infinito valor y la fuerza de las ideas.”

Nacido en La Habana el 28 de enero de 1853, José Martí tuvo una vida breve pero fecunda. Su existencia se desarrolló por tan sólo 42 años. Actuó en plena correspondencia con sólidos principios.

Precisamente con respecto al significado que le atribuyera a la vida y al modo de actuación de los seres humanos, y de la suya en específico, expuso consideraciones en múltiples trabajos periodísticos, así como en sus discursos, cartas y poemas.

Él planteó que la vida era un provechoso libro abierto y precisó además en que no hay  deleite mayor que el de ver a los hombres batallar con libertad y fe por lo que les parece verdadero, -así como no hay espectáculo más doloroso que el de los hombres sumisos, por la ignorancia o la pasión, o el interés, a la voluntad ajena.

Para Martí según manifestó en un trabajo titulado Noticias de Francia, publicado en La Opinión Nacional, de Caracas, el  19 de mayo de 1882, "el objetivo de la vida es la satisfacción   del anhelo de perfecta hermosura, porque como la virtud hace hermosos los lugares en que obra, así los lugares hermosos obran sobre la virtud.”

Martí también expresó, en este caso en la Sección Constante que elaboró, para dicho periódico, en la edición del 15 de junio de 1882 que el misterio no está en el modo con que se desarrolla la vida, sino en la esencia de la vida.

El tema de la independencia de Cuba fue algo esencial en la vida de José Martí.

Y obviamente, más allá de su labor como poeta, periodista, orador, maestro y cónsul de países latinoamericanos en Nueva York, cabe señalar su consagración a la causa por lograr la liberación de su tierra natal del dominio colonial español y contribuir con ello a fortalecer la independencia de otros países latinoamericanos.

En los años finales de la década del ochenta y el primer lustro de la etapa final del siglo XIX Martí se consagró por entero a lograr ese objetivo.

Contactó a varios de los más capaces luchadores independentistas que ya habían participado en etapas anteriores de la gesta patriótica, así como motivó a otros, incluido muchos jóvenes a sumarse a la causa.

Recorrió distintas ciudades norteamericanas para reunirse con cubanos.  

Visitó varios países para entrevistarse por ejemplo, con Máximo Gómez y Antonio Maceo, respectivamente.

Pronunció diversos  discursos, entre ellos uno pronunciado en la ciudad estadounidense de Tampa el 26 de noviembre de 1891 en el que destacó:

De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella.”

Entre 1892 y la etapa inicial de 1895 Martí  dedicó todo su empeño y labor  en lograr la pronta reanudación de la guerra por la independencia de Cuba.

A finales de enero de 1895 tras haber firmado la Orden de Alzamiento salió de los Estados Unidos hacia Santo Domingo para reencontrarse con Máximo Gómez y desde allí partir posteriormente hacia Cuba.

En Santo Domingo conoció que el 24 de febrero se había reanudado la guerra.  Entonces ansía trasladarse con rapidez a Cuba pero tiene que permanecer todavía algo más de un mes en el territorio dominicano.

El 11 de abril de 1895, después de encarar y vencer diversos obstáculos, Martí junto a Máximo Gómez y otros patriotas, llega a Cuba por la zona de Playitas de Cajobabo.

Consecuente con sus principios relacionados con el sacrificio y con el deber  Martí encaró con singular entereza las duras condiciones de vida en campaña así como el peligro de perder la vida en algún enfrentamiento con soldados españoles. Quiso con la fuerza que emana del ejemplo influir en el desarrollo de la guerra.

Y en una carta que quedó inconclusa y que había empezado a escribirle a su amigo mexicano Manuel Mercado, el 18 de mayo de 1895, señalaba con particular firmeza y sencillez:

Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”

Al día siguiente, el 19 de mayo de 1895, en la zona de Dos Ríos se produjo la caída de José Martí.

Pero más allá de su desaparición física Martí creció en dimensión histórica.  Su ejemplo, su legado, han seguido sirviendo de fuente de motivación y enseñanza a través del tiempo, tanto para los cubanos, como para múltiples hombres y mujeres en el mundo.

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