Democracia prostituida a lo yanqui

Ha llegado la hora. Si alguien lo duda ya no es por ignorancia, en todo caso sería por no querer ver lo que está a la vista de todos, o mejor decir, la expresión más genuina del caos en un país. Seis de enero de 2021; es asaltado el Capitolio de Washington por tenebrosas fuerzas empeñadas en la supremacía del poder.

Y se trata de un poder representado, esta vez, por un enfermo de egoísmo brutal que no repara ni en la más mínima consideración humana para mantenerse como dueño y señor del mundo; quiere verse como un Nerón moderno, ni más ni menos. Pero, para comprender en su justa medida lo ocurrido hay que interpretar el fenómeno como algo natural del mismo sistema putrefacto y mezquino que da vida al hecho señalado y mucho más. En otras palabras: los monstruos paren monstruos y no palomas de la paz.

Es un verdadero caos lo que ocurre en EE.UU. con su cacareada democracia que pretende imponer al mundo como modelo, pero además, constituye un gran insulto a la inteligencia de los pueblos y, en última instancia, una real burla a la gente honesta empeñada en poner al derecho lo que está al revés por obra y gracia del egoísmo imperial. Pretender relacionar en este breve comentario la gran cantidad de ejemplos que demuestran la falsedad de “su democracia particular” es sencillamente imposible. Sin embargo, exponer un simple botón de muestra es suficiente para desnudar tanta falacia. Veamos:

La incapacidad demostrada para combatir la pandemia de la Covid-19, a pesar de ser un país tan rico, situándolo a la cabeza de las naciones más afectadas; los asesinatos cometidos por la policía contra negros con absoluta impunidad; migrantes tratados como violadores y delincuentes; el infame bloqueo a Cuba con la intención de lograr que vuelva de nuevo a su redil aunque haya que matar de hambre a su pueblo; acoso inaudito a Venezuela bloqueando también sus fuentes de ingresos y hasta robando descaradamente su oro; injerencia descarada en los asuntos internos de otras naciones; organizar golpes de Estado en países independientes que han logrado significativos beneficios para sus pueblos y así seguir explotando sus riquezas para el beneficio imperial; apoyo histórico a grandes dictaduras; guerras de dominación y robo causantes de espeluznantes cifras de muertos.



Hay mucho más: se agudizan las diferencias entre el 1% de millonarios en el poder y el 99% de integrado por clase media y pobres. Resulta prácticamente increíble constatar cómo funciona su sistema electoral, basado en los millones de dólares que aportan las grandes empresas a uno u otro candidato a cambio de favores del presidente elegido; ningún candidato puede serlo si no posee determinada riqueza, por cuanto no vale nada la honestidad, ni la capacidad intelectual, ni su prestigio personal y/o profesional.

El propio ex presidente Carter en cierta ocasión afirmó que “Estados Unidos no tiene una democracia que funcione, porque hay una excesiva influencia del dinero en las campañas electorales”. Claro, no se puede olvidar que en el norte revuelto y brutal se cuenta con un sistema en el cual un candidato puede ser elegido sin que cuente con la mayoría de votos populares.

¡Esa es la democracia que quieren imponerle al mundo! Claro, los hechos recientes en el Capitolio fueron singulares, aunque no asombran. Nadie sabe lo que puede ocurrir desde ahora hasta el 20 de enero…no os asombréis, todo puede suceder, porque la fiera con hambre nunca renuncia a poseer una víctima.

“Pero no augura, sino certifica el que observa cómo en los Estados Unidos, en vez de apretarse las causas de unión, se aflojan; en vez de resolverse los problemas de la humanidad, se reproducen; en vez de amalgamarse en la política nacional las localidades, la dividen y la enconan; en vez de robustecerse la democracia y salvarse del odio y miseria de las monarquías, se corrompe y aminora la democracia, y renacen, amenazantes, el odio y la miseria”. José Martí

 

 

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