Brasil: sadismo, crueldad y cinismo

Es como la verdadera troika  la que caracteriza a Jair Bolsonaro y su desgobierno, empeñados tenazmente en producir sufrimiento a su pueblo a toda costa. Ciertamente, aunque parezca irreal, pareciera que este presidente de nuestro hermano Brasil, siente placer haciendo daño a las gentes  de su misma tierra.

Desde que apareció en la arena internacional solo se le conoce por su extrema crueldad, en una loca carrera por parecerse a Trump,  otro fascista que, impúdicamente, reconoce como su héroe o guía de sus acciones; no conoce de límites si de hacer daño se trate; y es como un tigre que, por su irracionalidad, no sufre por matar a su víctima y la abandona colmado de satisfacción hasta que sienta a  hambre nuevamente y volver a matar.

Ahora, con la pandemia del Coronavirus Covid-19, se desnuda totalmente hasta el último velo de su indumentaria, y con él sus incondicionales militares vasallos por conveniencia. No saben qué hacer con este nuevo azote, ni siquiera para lograr las indispensables jeringas utilizadas para la vacuna; niegan la gravedad de la situación. Las salas de terapia intensiva, tanto públicas como privadas, están a punto del colapso. Han llegado a descartar la vacuna china por ser “una vacuna comunista”, sí, usted leyó bien, no tenga duda.

Pero tanta maldad y despreocupación por su pueblo que sufre se hace patente al conocerse que hasta hace pocos días Brasil contaba con 6,5 millones de infectados y 177 mil muertos; dantescas imágenes de infelices tirados en las aceras ya fallecidos, en su gran mayoría –por supuesto- pobres. Permítame en este contexto informar que en Cuba los decesos no superan los 200 según últimas cifras.

Este aprendiz de bestia se empeña tozudamente en negar la gravedad de la tragedia, incluso rechazando las medidas de prevención dictadas por la OMS y toda la comunidad científica del mundo. Es muy amigo de los extremos, tanto como afirmar que “no me vacuno y punto”. Claro, es su decisión y debe ser respetada, después de todo han muerto mucha gente honesta de ese país, así que…ya usted sabe.

En resumen Jair Bolsonaro no gobierna, sino destroza. Él es el mayor responsable que se produzcan 28 muertes cada 24 horas, o más de una cada 60 minutos. Pero lo más singular de todo es la evidente pasividad que se constata ante el crimen  horrendo que produce tanto sufrimiento al pueblo de Brasil, con las excepciones de anémicos llamados de organizaciones internacionales de derechos humanos para  revertir el mal. Sin embargo, hay que reconocer que este señor es muy consecuente con su amado guía Trump, porque también ya empezó a trabajar para hacer padecer otro período de desgobierno.

Todo esto demuestra con creces que hay una imperiosa necesidad de justicia en este mundo, pero para lograrlo habrá que desbrozar la tierra profundamente para erigir nuevos mecanismos y conductas que obliguen a los gobiernos a respetar los verdaderos derechos humanos. Si se logra o no depende única y fundamentalmente de los pueblos.

Viene a mi mente mi propio país: hasta un buen día padecimos una tiranía sangrienta que enlutó a Cuba; muertes, desamparo, injusticias de todo tipo, analfabetismo, insalubridad, torturas, politiquería, vandalismo, mafia etc. y un buen día la revolución de 1959 erradicó aquellos males de un plumazo. ¿Cómo se logró? Pues por la tenacidad, el patriotismo y la guía de un hombre excepcional llamado Fidel Castro,  que junto a su pueblo derrumbó para siempre tanta maldad y la suplantó por una nación respetada y digna.

¿Cuándo se ha levantado una nación con limosneros de derechos? José Martí

Sueña y serás libre en espíritu, lucha y serás libre en vida”,  Ernesto Guevara de la Serna (Che)

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