Perder el rumbo sería un crimen

Es evidente que los grandes medios de comunicación del mundo rico sienten un verdadero festín ante sucesos bochornosos que atentan contra la dignidad  de los pueblos y, en otros casos, contribuyendo al derrocamiento de gobiernos legítimos o cualquier hecho que suponga lucha por el bienestar, la paz y el decoro de las naciones.

Se valen de cualquier arma para lograrlo, pero siempre con oído atento a las órdenes del depredador imperial para crear un maridaje perfecto donde todo les resulta útil. Un ejemplo que comenté recientemente es el bochornoso caso ocurrido en el barrio habanero de San Isidro, y que ahora, con su permiso, quisiera ampliar para contribuir modestamente con mi opinión  intentando penetrar en el entramado del caso.

Pienso en la siguiente imagen: alguien transita por un sendero pedregoso; por el lado derecho se aprecian zarzas y espinas empeñadas en la supremacía; mientras que por el izquierdo la vista se deleita contemplando un jardín gigante de rosas. El que camina por el sendero se ve obligado, por alguna razón, a desviarse a un lado u otro para llegar a su destino final. La parte derecha le ofrece la ventaja de llegar primero, y la del otro lado lo contrario. Pero se da cuenta que aquella solo le sirve para acortar la distancia, pero a costa de desgarrarse con las espinas; pero esta de la izquierda le produce el placer infinito de contemplar aquellas rosas como una promesa de bienestar y paz. Siente placer al sentir que ha obrado de la manera correcta. En otras palabras: mantener el rumbo como objetivo supremo evadiendo todo aquello que le dificulte el fin.

Me permití mostrar esa imagen para establecer diáfanamente lo que considero elemental, inmerso y conocedor de tantas y tantas opiniones; algunas honestamente motivadas, aunque esquivan realidades; otras de los clásicos simuladores, verdaderos teóricos que se definen patriotas pero sienten como perversos; los hay también ignorantes y curiosos que merecen respeto. Pero están los empeñados en hacer de Cuba una tierra de paz, desarrollo y armonía entre todos los buenos; y, además, con la virtud de estar conscientes de la importancia de NO PERDER EL RUMBO –u objetivo mayor- mucho menos en esta hora de enorme peligro en que nuestra patria se encuentra, a consecuencia del odio y la crueldad que caracteriza al enemigo mayor de los pueblos.

Claro está, nuestras autoridades deben ser receptivas y responder a todo aquel o aquellos que, aunque discrepen de decisiones de gobierno, lo hagan con seriedad, responsabilidad  y, sobre todo, honestidad. Porque, en definitiva, hasta nuestra propia revolución fue gestada por pensamientos y opiniones muy diferentes a las existentes entonces. Por tanto, defiendo decididamente la libertad de expresión, pero no el libertinaje para destruir la obra grande de la revolución cubana. Y mucho menos en momentos cruciales en que está en juego hasta nuestra seguridad nacional.

El enemigo, como el tigre, está al asecho dispuesto a la locura de invadir y retrotraernos al pasado tenebroso.

La  mesa de entendimiento y negociación  la aceptamos como positiva y  necesaria con la presencia de  gentes de bien que amen, sobre todo, a su país y sin oscuras pretensiones, que respeten a los que entregaron su vida a cambio de una revolución liberadora. Pero jamás discutiremos una sola palabra o idea expresada por delincuentes dispuestos a vender la patria como una mercancía; deseosos, a toda costa de que vuelva el Chesterfield y la Coca Cola aunque tengan que arrastrarse por el piso; obscenos que pretenden reclamar en calzoncillos, mujeres que piden morir a un millón de cubanos para lograr su ambición de “libertad”, u otros dispuestos a ofender a la patria sentado en una taza sanitaria envuelto en nuestra sagrada bandera,  y hasta los que siguen dispuestos a profanar, incluso, a nuestro Martí.

Por eso afirmo que, en esta hora, es momento de juntarnos todos, sin exhortaciones ni consignas, para defender la patria. Sería un crimen perder el rumbo. Es algo parecido a un combate. En el fragor de las acciones usted puede, y debe, escuchar la opinión de otro soldado para obtener el triunfo de forma más rápida y segura; pero no para entretenerse en cuentecitos de ocasión, porque lo importante es lograr la victoria.

Bienvenidos los que quieran luchar junto a nosotros transitando el mismo camino, y los que no estén dispuestos deben resignarse al rechazo del pueblo. No hay alternativas posibles, y mucho menos para los que se esconden detrás de supuestas teorías que solo le sirven la mesa al enemigo mayor.

“Antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera a la patria, se unirá el mar del sur al mar del norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila”. “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. José Martí

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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