Fidel y la organización de un movimiento clandestino para luchar contra la dictadura batistiana (II)

Tras haber conocido a Abel Santamaria, el primero de mayo de 1952, Fidel comienza a visitarlo con asiduidad en el apartamento donde vivía en el edificio de O y 25, en la zona del Vedado, en La Habana.

De hecho el  apartamento de Abel se convierte en el centro de operaciones de la organización del Movimiento revolucionario que comienza a gestarse. Allí Fidel y otros compañeros analizan la situación del país y tratan acerca de cómo organizar la lucha revolucionaria e incluso hacen referencia al ideario martiano y su vigencia en fecha cercana al centenario de su natalicio.

Al tener conocimiento que Abel en unión de otros compañeros editaba el boletín Son los mismos, Fidel planteó crear otro con un nombre todavía más combativo. Así surgió el boletín El Acusador.

Periódico El Acusador

A su vez  con el decursar de los días el Movimiento va cobrando fuerza. En varios barrios de la capital del país se organizan células integradas por jóvenes que se caracterizaran por su seriedad y actitud revolucionaria.

Mientras continúa en su propósito de desarrollar un Movimiento auténticamente revolucionario Fidel no cesa de poner al descubierto la blandenguería y la actitud traidora de los políticos burgueses y de forma específica de los dirigentes del Partido del Pueblo Cubano, Ortodoxo.

El 16 de agosto de 1952 la dirección del Partido Ortodoxo había convocado la celebración de un acto frente a la tumba de Eduardo Chibás, en ocasión de cumplirse el primer aniversario de su fallecimiento.

Teniendo en cuento esto Fidel, Abel y los demás compañeros que laboraban en la confección de “El Acusador” prepararon entonces una tercera  edición del citado boletín, que fue repartido entre los participantes en el señalado acto en el Cementerio Colón, en La Habana.

Fidel escribió dos artículos para ese boletín especial. En uno de estos trabajos hace un análisis crítico del Partido Ortodoxo y condena las pugnas estériles que sobrevivieron a la muerte de Chibás, las escándalos colosales por motivos que no eran ideológicos, sino por cuestiones puramente egoístas y personales y califica como síntoma grave de indisciplina e irresponsabilidad el funesto procedimiento de ir a la tribuna pública a dilucidar bizantinas querellas.

En ese artículo Fidel señala:  “El momento es revolucionario y no político.”

En esos momentos la situación para el pueblo cubano es sumamente difícil. Batista basándose en la fuerza había logrado  consolidarse en el poder con el apoyo de los Estados Unidos y con la complicidad absoluta de los líderes de los partidos políticos burgueses que sólo aspiraban a ver de qué manera podían recuperar en parte sus privilegios y posiciones perdidas tras el golpe de estado.

Pero ante tanta vacilación y traición se alza la firmeza de hombres tales como Fidel Castro, quién reclama la necesidad de luchar y desprecia a los que con consejos inútiles proclaman el quietismo o tratan de resolver el caos existente en el país a través de fórmulas supuestamente democráticas. 

Con firmeza Fidel puntualiza que ante la dictadura para Cuba queda un solo camino: el sacrificio y la inmolación en aras de sus amadas libertades.

El 26 de julio de 1973, en el acto por el vigésimo aniversario del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Cárlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, Fidel al recordar lo que hicieron algo más de dos decenios atrás, señaló:

Dominada la nación por una camarilla sangrienta de gobernantes rapaces, al servicio de poderosos intereses internos y externos, que se apoyaban descarnadamente en la fuerza, sin ninguna forma o vehículo legal de expresión para las ansias y aspiraciones del pueblo, había llegado la hora de acudir otra vez a las armas. “

Y  también expuso: “¿Cómo levantar al pueblo, cómo llevarlo al combate revolucionario, para superar aquella enervante crisis política, para salvar al país de la postración y el retraso espantoso que significó el golpe traicionero del 10 de marzo y llevar adelante la revolución popular y radical que transformara al fin a la república mediatizada y al pueblo esclavizado y explotado en la patria libre, justa y digna, por la cual lucharon y murieron varias generaciones de cubanos?  Tal era el problema que se planteaba el país en los meses que siguieron al nuevo ascenso de Batista al poder. “

Y enfatizó Fidel: “Cruzarse de brazos y esperar ó luchar era para nosotros el dilema.  Pero los hombres que llevábamos en nuestras almas un sueño revolucionario y ningún propósito de resignarnos a los factores adversos, no teníamos un arma, un centavo, un aparato político y militar, un renombre público, una ascendencia popular. Cada uno de nosotros, los que después organizamos el movimiento que asumió la responsabilidad de atacar el cuartel Moncada e iniciar la lucha armada, en los primeros meses que sucedieron al golpe de Estado, esperaba que las fuerzas oposicionistas se unieran todas en una acción común para combatir a Batista. En esa lucha estábamos dispuestos a participar como simples soldados, aunque solo fuese por los objetivos limitados de restaurar el régimen de derecho barrido por el 10 de marzo.”

Igualmente precisó cómo se logró realizar la captación y el entrenamiento inicial de los futuros combatientes revolucionarios:

“Dedicados febrilmente al trabajo revolucionario, un grupo de cuadros, que constituyó después la dirección política y militar del movimiento, nos consagramos a la tarea de reclutar, organizar y entrenar a los combatientes. Fue al cabo de un año de intenso trabajo en la clandestinidad, cuando arribamos a la convicción más absoluta de que los partidos políticos y los hombres públicos de entonces engañaban miserablemente al pueblo. Enfrascados en todo tipo de disputas y querellas intestinas y ambiciones personales de mando, no poseían la voluntad ni la decisión necesarias para luchar ni estaban en condiciones de llevar adelante el derrocamiento de Batista.”

Y agregó: 

“Entretanto, nuestra organización había crecido notablemente y disponía de más hombres entrenados para la acción que el conjunto de todas las demás organizaciones que se oponían al régimen. Nuestros jóvenes combatientes habían sido reclutados, además, en las capas más humildes del pueblo, trabajadores en su casi totalidad, procedentes de la ciudad y del campo, y algunos estudiantes y profesionales no contaminados por los vicios de la política tradicional ni el anticomunismo que infestaba el ambiente de la Cuba de entonces.”

Desde los meses finales del año 1952  la dirección del Movimiento Revolucionario decide comenzar el entrenamiento militar de una gran cantidad de jóvenes para después proceder a la selección rigurosa.

En el discurso pronunciado el 26 de julio de 1973 Fidel también resumió con las siguientes palabras todo el empeño y el esfuerzo realizado para lograr  el desencadenamiento de la lucha revolucionaria contra la dictadura militar reaccionaria existente en Cuba:  “Era necesario enarbolar otra vez las banderas de Baire, de Baraguá y de Yara. Era necesaria una arremetida final para culminar la obra de nuestros antecesores, y esta fue el 26 de Julio. Lo que determinó esa arremetida no fue el entusiasmo o el valor de un puñado de hombres, fue el fruto de profundas meditaciones sobre el conjunto peculiar de factores objetivos y subjetivos que imperaban en aquel instante en nuestro país.”

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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