Fidel Castro y el Golpe de Estado de Fulgencio Batista (I)

Al iniciarse la década de los años 50, en la pasada centuria, Cuba vivía una época caracterizada por la desmoralización del gobierno auténtico, encabezado entonces por Carlos Prío Socarrás. La situación era caótica, la corrupción se había generalizado por parte tanto del Presidente como la de sus ministros y otros dirigentes políticos.

Diversos sectores del pueblo anhelaban un cambio radical en la situación del país para librarse de las enajenantes condiciones de vida, de los atropellos que padecían y de la explotación.

En el seno del pueblo había hombres que estaban en disposición de consagrar su vida en beneficio de su Patria y a luchar por los intereses de los desposeídos y explotados. Uno de esos hombres, integrante de la juventud del Partido del Pueblo Cubano, Ortodoxo, era Fidel Castro.

Ya desde 1950 Fidel se había graduado de Doctor en Derecho.  Entonces en unión  de dos de sus compañeros de carrera universitaria abrió un bufete, en una zona de la Habana Vieja.

Se interesó de manera especial por defender los derechos de personas humildes, de trabajadores y campesinos, y también asumió la acusación de los que habían cometido el asesinato de un joven revolucionario en 1951, Carlos Rodríguez. A su vez Fidel sigue participando en actividades de carácter político.

Por ejemplo el 12 de noviembre se trasladó a la ciudad de Cienfuegos en unión de otro dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria para participar en un mitín que se celebraría allí, organizado por los estudiantes del Instituto de dicha ciudad.

Fidel y el otro dirigente fueron  detenidos y trasladados  a Santa Clara donde se le radicó una causa por los supuestos disturbios que se produjeron en Cienfuegos.

El 14 de diciembre Fidel resultó juzgado por el  Tribunal de Urgencia de Santa Clara. Asumió su propia defensa y planteó un Yo acuso al gobierno de Prío. Finalmente fue declarado absuelto por el Tribunal. A partir de finales de 1951 también Fidel realizó investigaciones sobre la corrupción  incluso del propio Presidente Carlos Prío.

Comprobó cómo habían sido desalojados de sus tierras campesinos y cómo dichos terrenos se habían incorporado a las fincas que tenía el gobernante cubano y además también apreció como eran utilizados soldados como mano de obra  en las citadas fincas. Precisamente  Fidel no se limitó a obtener esa información, sino que la hizo pública a través del periódico “Alerta”  el 28 de enero de 1952.

Fidel igualmente  denunció todo esto en un informe que dirigió el tres de marzo de 1952  al Tribunal de Cuentas que era el máximo organismo fiscalizador de la República de Cuba en esa época.

Tras precisar las acciones corruptas del presidente Prío, también alertó sobre la crítica situación existente en Cuba al detallar:  

Cuba convertida  en tierra de caines feroces, camino del suicidio, hecha garito y antro de unos cuantos desenfrenados, vuelve desesperada sus ojos para pedir de ustedes el milagro que pueda salvarla del derrumbe constitucional y moral que la amenaza.”

Y en la parte final de su informe al Tribunal de Cuentas recordó a José Martí  al exponer: 

Y para concluir estas líneas en las que he puesto la mayor suma de honradez y sinceridad, sólo me resta repetir aquellas palabras de Martí cuando exhortaba a los cubanos a la lucha: “¡Para ti, patria, la sangre de las heridas de este mundo, y la sonrisa de los mártires Al caer! ¡Para ti, patria, el entusiasmo sensato de tus hijos, el dolor grato de servirte, y la resolución de ir hasta el fin del camino!”

A una semana de haber elaborado Fidel Castro ese informe al Tribunal de Cuentas de la República de Cuba se produjo el golpe de estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952.

  • El Golpe de Estado de Fulgencio Batista

Batista lleva a cabo esa acción  unos meses antes que en Cuba se celebraran elecciones generales en las que se estimaba que podía triunfar el  Partido del Pueblo Cubano, Ortodoxo, a pesar que sus dirigentes en ese momento  no contaban con el prestigio del fundador de esa organización Eduardo Chibás. 

El corrupto presidente Carlos Prío no fue capaz de llevar a cabo una resistencia contra los autores del golpe de estado, no obstante que los estudiantes universitarios acudieron hasta el Palacio Presidencial para prestarle su posible apoyo. Tampoco los dirigentes de los partidos políticos burgueses tradicionales mantuvieron una postura digna.

Tras la fuga precipitada del presidente Prio, Batista y sus seguidores son dueños absolutos de la situación. Pero en diversos sectores del pueblo se manifiesta la indignación y se reafirma la voluntad de combatir al  régimen impuesto por la fuerza.

Precisamente ante las frases demagógicas de Batista que pretende presentar la conspiración como un movimiento revolucionario, el joven abogado Fidel Castro, en un documento que redacta a las pocas horas  de haberse producido el golpe de estado asevera enfáticamente:   “Revolución no, zarpazo, patriotas no, liberticidas, usurpadores, retrógrados, aventureros sedientos de oro y de poder”.

Fustiga Fidel directamente a Batista:   “Su asalto al poder carece de principios que lo legitimen, ríase si quiere, pero los principios son a la larga más poderosos que los cañones. De principio se forman y alimentan los pueblos, con los principios se alimentan en la pelea, por los principios mueren”.

Califica certeramente al golpe de estado:

No llame Revolución a ese ultraje, a ese golpe perturbador e inoportuno, a esa puñalada trapera que acaba de clavar en la espalda de la República”.

Finalmente reitera que ante este hecho se impone la lucha revolucionaria al precisar:  “…hay tirano otra vez, pero habrá otra vez Mellas, Trejos, Guiteras. Hay opresión en la Patria, pero habrá algún día otra vez libertad”.

Mientras Batista se afianza en el poder en el seno de la sociedad cubana se evidencian dos tendencias: la vacilación y el quietismo absoluto de los líderes de los partidos políticos burgueses que ponen de manifiesto su incapacidad para luchar, y el deseo de hombres y mujeres del pueblo de enfrentar al régimen dictatorial.

Varias semanas después de haber realizado el golpe de estado Fulgencio Batista trata de legalizar su permanencia en el poder con la abolición, de hecho, de la constitución vigente y la promulgación de unos estatutos constitucionales.

La situación para el pueblo cubano es sumamente difícil. Batista basándose en la fuerza logra consolidarse en el poder con el apoyo de los Estados Unidos y con la complicidad absoluta de los líderes de los partidos políticos burgueses que sólo aspiraban a ver de qué manera podían recuperar en parte sus privilegios y posiciones perdidas tras el golpe de estado.

Pero ante tanta vacilación y traición se alza la firmeza de hombres tales como Fidel Castro quién reclama la necesidad de luchar y desprecia a los que con consejos inútiles proclaman el quietismo o tratan de resolver el caos existente en el país a través de fórmulas supuestamente democráticas.

Fidel Castro en un artículo titulado “ ¿Qué diferencia hay...?” publicado en el periódico “La palabra”, el seis de abril de 1952 expresa que los ejecutores del golpe de estado vencidos de antemano en las urnas asaltaron el poder de un zarpazo. En dicho artículo fustiga nuevamente a Batista al enfatizar: “Ni prédica, ni teoría, ni programa revolucionario, ni movilización de masas precedieron al golpe.”

Fidel exhorta a los cubanos al combate. Manifiesta:

La semilla de la rebeldía heroica se irá sembrando en todos los corazones. Frente al peligro, el heroísmo invita, germina con la sangre generosa que se vierta. Atrás los que consejos pueriles y acomodaticios quieren apartar la juventud del sacrificio, a nosotros no nos importa las frustraciones del pasado.”

El golpe de estado de Batista había agudizado al máximo la crisis política de la nación cubana. Aparentemente no había la posibilidad de luchar contra el régimen dictatorial ya que a la ineptitud de los seudo líderes de los partidos políticos de la burguesía se une el hecho  que los sindicatos estaban controlados por elementos gangsteriles que muy pronto le ofrecen respaldo a Batista.

A su vez los militantes comunistas estaban  perseguidos y prácticamente aislados. Sectores del pueblo se hallaban ansiosos de iniciar la lucha pero no contaban, en ese instante, con líderes capaces de guiarlos, ni con los medios necesarios para poder llevar a cabo el combate Pero del seno del propio pueblo saldría, precisamente, el líder y los hombres capaces de lanzarse al combate frontal contra la dictadura.

  • La juventud de vanguardia

Fidel se dispuso a movilizar a aquélla vanguardia de la juventud, la del Centenario del Apóstol, que estaba compuesta por estudiantes, obreros y profesionales progresistas.

En medio de la compleja situación reinante en Cuba en el primer semestre del año 1952  Fidel empieza a sostener entrevistas y contactos con disímiles personas, sobre todo con los integrantes de la juventud ortodoxa que comparten sus puntos de vista sobre la necesidad de realizar algo eficaz contra el régimen dictatorial.

A su vez, por otra vía, otros jóvenes, entre ellos Abel Santamaría, Jesús Montané y Raúl Gómez García comienzan a sostener contactos y anhelan combatir a Batista. Con ese objetivo deciden confeccionar un boletín denominado “Son los mismos” que  constituye una vía inicial para canalizar sus inquietudes revolucionarias y a la vez sirve para señalar que tanto Batista como los que le habían antecedido en el poder eran de la misma calaña.

El primero de mayo de 1952, Fidel Castro y Abel Santamaría se conocen al participar en un acto que se realiza en el Cementerio Colón, en La Habana, para rendir homenaje a Carlos Rodríguez, joven ortodoxo asesinado en 1951.

A partir de ese instante Fidel y Abel se identifican plenamente en el empeño de organizar un Movimiento que fuera nucleando a jóvenes interesados en luchar contra la dictadura militar reaccionaria existente en el país.

 

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