La firmeza de un clandestino encarcelado

De cómo un revolucionario pudo salvar su vida cuando se hallaba frente a frente con el  sanguinario jefe policíaco de la Cuba prerrevolucionaria Esteban Ventura Novo, es narrado por el combatiente clandestino Héctor Terry Molinert, en su libro inédito: “Aquí de pie, mis Memorias”.

Detenido por haber participado en los hechos conocidos como la noche de las 100 bombas, el Jefe de la 5ta. Estación de Policía decidió someterlo a un interrogatorio en la oficina en los momentos en que llegó al lugar César Camacho,  Ministro de Justicia de la tiranía.

La delación del Jefe del grupo, Víctor Vidal Vázquez, -detenido y presente en el interrogatorio, había motivado la encarcelación de Terry. Cuando Ventura increpó a éste para que dijera quien había sido el responsable de lo acontecido por su grupo, Terry miró fijamente al delator y con total valentía contestó: “Fuiste tú”.

Todo fue muy rápido. Al escuchar Terry  el nombre del Ministro, no esperó tiempo alguno y preguntó a éste sí era el padre de Camachito. Sorprendido el alto funcionario batistiano asintió con su cabeza. De inmediato, Terry le dijo: “Yo lo conozco, dele recuerdos de Terry”.

Entonces, los acontecimientos y la suerte tomaron otro rumbo para Terry cuando el Ministro dijo: “Oye Ventura trátame bien a este muchacho que no está metido en nada”, a lo que el teniente coronel contestó que a él le parecía que a Terry lo  habían embarcado, ordenando a que lo devolvieran a la celda.  “Yo, escribió Terry”, respiré, no podía creer lo que estaba pasando.

El revolucionario Héctor Terry Molinert estuvo encarcelado 9 días en esta estación por orden de Esteban Ventura A pesar de la opinión del ministro Terry no fue liberado.  En las mazmorras  de la 5ta. Estación lo mantuvieron por espacio de nueve días – su primera detención se había producido el 30 de noviembre de 1956 - viendo el estado en que regresaban sus compañeros de celda después de los interrogatorios y torturas, a que eran sometidos. Ellos eran Julio Camacho Aguilera, Rodolfo de las Casas, Elcire Pérez González y Santiago Riera.

Serían días de incertidumbre para Terry pero también de recuerdos imborrables acumulados en su activa vida como estudiante que era de la carrera de medicina y su pertenencia al Directorio Revolucionario junto a sus compañeros Domingo Pérez Díaz, Alfredo Céspedes, Willy Barrientos,  José Díaz Mirabal (Pepe) Manuel Jaca y Luis Valdés, (Wicho).

Pasaron por su mente los encuentros clandestinos en la Sala Santos Fernández, del Hospital Calixto García donde trabajaba Juan Roberto Menchaca, y Neftali Taquechel perteneciente al grupo de Omar Fernández, Eustaquio Remedios (Bebo) y Esperanza Sanjurjo, quien se convertiría en una destacada combatiente  del Movimiento 26 de Julio.

No podía apartar de sus íntimos recuerdos como ser humano y revolucionario su estrecha amistad y admiración con el líder de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y del Directorio Revolucionario José Antonio Echeverría, y con Faure Chomón, Jefe de acción, de esa organización.

Fue tal la confianza y los estrechos vínculos que llegaron a existir entre José Antonio Echeverría y Terry que poco antes de los sucesos del 13 de marzo de 1957 y al encontrarse ambos y en plena calle, Terry le preguntó: “Dime algo”, respondiéndole el líder estudiantil: “ ya falta poco”. Y así fue.

Cuerpo abatido de José Antonio Echeverría, luego del asalto a Radio Reloj

Como estudiante de medicina, con su bata blanca, fue de los que pudieron ver, a pesar de la vigilancia policíaca, el cuerpo de José Antonio Echeverría  en la funeraria ubicada en Zapata y 2. Terry fue a su vez uno de los que cargaron sobre sus hombros el féretro donde descansaba el cuerpo del joven revolucionario ejemplar en su viaje rumbo a Cárdenas, donde había nacido y donde se le dio sepultura.

En realidad muchos fueron los recuerdos de Terry en sus días de cautiverio y de incertidumbre, hasta que fue remitido al  Vivac del Castillo del Príncipe.

En fin, después de nueve días en los sótanos de la 5ta. Estación de Policía y de los golpes que recibió inicialmente, ni Ventura ni sus sicarios pudieron conocer a pesar de los interrogatorios, que tuvieron como preso a un importante contacto entre el Directorio Revolucionario, y el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

 

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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