Huelga de hambre en el Castillo del Príncipe

En la lucha contra la sangrienta dictadura batistiana miles de revolucionarios debieron cumplir prisión en todo el territorio nacional, incluído el Presidio Modelo de la antigua Isla de Pinos. Sobresalió la Cárcel del Castillo del Príncipe en La Habana, en cuyo vivac esperaban por ser juzgados por los tribunales, cientos de revolucionarios.

La cárcel fue, además de una gran escuela forjadora de hermandad, de unión y gestadora de planes y acciones que allí se orientaban, una verdadera zona de combate. Era temida por los cuerpos represivos a pesar de las fuertes guarniciones militares encargadas de mantener el orden y la custodia.

Un arma efectiva resultaron ser las huelgas de hambre que pusieron en jaque a los represores. Los presos protestaban contra las arbitrariedades que se cometían contra los presos.  Así fueron las huelgas que durante el mes de junio de 1957 estremeció los antiguos muros del Castillo del Príncipe y que recibió, como otras,  la solidaridad combativa de los revolucionarios presos en distintas cárceles del país. 

Otras de esas huelgas que establecieron el combate frontal y de impresionante valor fue la del 1 de agosto de 1958 en la que fueron asesinados tres revolucionarios, y con heridas de bala, numerosos reos.

Sin embargo, y quizás de la que poco se ha escrito es la sucedida en el mes de febrero de 1958 y que duró nueve días, y a la que se fueron sumando día tras día, la totalidad de los presos bajo el principio de no ingerir alimento alguno, solo agua.

De esa epopeya, y por fortuna, las presentes generaciones pueden contar con las memorias de Héctor Terry Molinert y que tituló “Desnutridos y Victoriosos”, uno de los combatientes que se mantuvo hasta el final.

El origen de la huelga de hambre se sustentaba en el no acatamiento por los cuerpos represivos de las decisiones del Tribunal Supremo de Justicia a los que los abogados defensores presentaban recursos de Habeas Corpus. El desacato culminaba con la sentencia arbitraria que se hacía de los presos que eran detenidos al salir de la prisión.

Esta situación llegó al punto de convertirse en una gran burla pero sobre todo una estocada a la seguridad personal de los que eran declarados en libertad provisional, capturados de nuevo por los esbirros y el peligro de ser  torturados, como también desaparecidos.  Otros eran regresados de nuevo al Vivac.

Doctor Héctor Terry Molinert combatiente de la lucha clandestina en La HabanaEl día 11 de febrero la situación se convirtió en explosiva.  Los presos acordaron no recibir las visitas de los familiares y declarándose en huelga de hambre. Bajo el principio de la unidad revolucionaria se creó una comisión al frente de la cual estaban representantes de las distintas organizaciones revolucionarias.

Eran, Electo Pedrosa, Lauro Blanco y Néstor Bombino, y el destacado revolucionario Enrique Hart Dávalos, fungía como asesor.

El día 15 sumaban 74 presos los que estaban en huelga de hambre, lo cual era informado por la prensa escrita y radial. Se iban sumando otros, mientras las visitas de apoyo y solidaridad se repetían en las cárceles de Santiago de Cuba, Camagüey y Las Villas.                                 .

Sucedían los hechos. La comisión de los presos políticos emitió una declaración condenatoria de las arbitrariedades del gobierno y de los cuerpos represivos, los que fabricaban falsas acusaciones contra los que se declaraban en libertad provisional, entre ellos, un posible asalto al Castillo del Príncipe.

Seis días después de la huelga de hambre, Terry escribía una nota dirigida a Higinia Terry, a quien llamaba “Mima”, reflejando la alta moral entre todos los compañeros en huelga: En una parte de la misma decía:

“A pesar de todo la moral es excelente y todos estamos dispuestos a afrontar la actitud tomada hasta las últimas consecuencias”.

El 20 de febrero se produjo la libertad provisional de todos los involucrados en la causa 1084 de 1957 entre los cuales figuraba Héctor Terry, con la ficha policíaca No. 2282 con fecha 28 de noviembre de 1957.

La noticia la había ofrecido personalmente en el vivac el doctor Alfredo Yabur, abogado de los revolucionarios.

Desde aquel momento Terry pasó a la clandestinidad; estableciendo contactos con combatientes del Movimiento 26 de Julio, muchos de los cuales no los volvería a ver  por haber sido asesinados o desaparecidos por los cuerpos represivos.

Este ejemplo de combatiente  y humildad increíble y quien por fortuna vive entre nosotros, como médico, es respetado y admirado, por  la atención y cuidado a la salud de combatientes del llano como de las montañas, lo cual realiza desde hace muchos años, en unión de su querida esposa, Carmen Berro García médico también, y combatiente clandestina.             

Terry, el avezado combatiente, entrañable compañero de José Antonio Echeverría y de tantos otros dirigentes de la FEU y del Directorio Revolucionario, entre estos, el Comandante Faure Chomón, recoge en sus memorias la heroicidad de quienes se enfrentaron no pocas veces a la policía, igual que él,  solo con puños.              

Llama la atención en su trayectoria revolucionaria un principio rector. Lo mismo se integraba a acciones de su organización como la del Movimiento 26 de Julio.  Todo fue así hasta que tuvo que exiliarse, debido a la persecución policíaca, el 11 de mayo de 1958.

La fuga del tirano sorprendió a Terry junto a un grupo de revolucionarios que estando en México proyectaban una expedición para llegar a Pinar del Río e integrarse de nuevo al combate.                          

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