Audaz acción del Directorio Revolucionario frente a la dictadura

Terminando el mes de enero de 1957, en pleno día, cuando los relojes marcaban casi las 11:00 de la mañana se produjo una de las acciones más audaces durante la lucha contra el batistato y que fuera ejecutada por un comando armado del Directorio Revolucionario.

Ello ocurrió en una de las áreas de la agencia de autos conocida como Ambars Motors, ubicada en el edificio conocido por igual nombre ( hoy sede del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera ), importadora de las marcas Oldsmobile y Cadillac, de procedencia estadounidense.  Entonces, cerca de 20 autos de la marca Oldsmobile se hallaban en el patio trasero de la referida empresa.  Estos no estaban destinados para la venta y sí para ser suministrados a los cuerpos represivos de la dictadura, en especial al siniestro Buró de Investigaciones, equipados con radio, de mecanismo automático y que alcanzaban una gran velocidad.

La agencia Ambar Motors era propiedad del italiano Amadeo Barletta, quien fuera agente del gobierno fascista de Mussolini, y posteriormente vinculado estrechamente con el dictador Fulgencio Batista. Dicho empresario era propietario, entre otros negocios, de la emisora Unión Radio, el canal 2 de televisión y el periódico El Mundo.

Los antecedentes de aquella acción han sido recordados por el Comandante Julio García Oliveras, entonces estudiante de arquitectura de la Universidad de La Habana, integrante de la Sección de Acción del Directorio Revolucionario y participante en aquel hecho.

Por entonces, dicho combatiente conservaba una llave de la oficina donde había laborado bajo las órdenes del arquitecto Vicente de Castro, espacio que ocupaba en el edificio del Retiro de Arquitectos, situado en las calles P y Humboldt, en el Vedado.

A través de una de las ventanas del local, Oliveras se percató que se podía divisar con claridad el patio de la agencia automovilística Ambar Motors, conociendo que los autos que allí se encontraban estaban listos para entregar a la policía batistiana, determinando proponer la idea de un sabotaje contra los mencionados autos lo cual fue aprobado de inmediato por Faure Chomón y José Antonio Echeverría, como Secretario General del Directorio.

Después de analizar los pormenores para ejecutar la acción se determinó que los combatientes a participar utilizaran uniformes del entonces Ministerio de Salubridad con equipos destinados a la fumigación.  Era esa la cobertura o fachada que no debía producir sospecha de los custodios.

A la hora acordada el comando integrado por los combatientes Faure Chomón, Eduardo García Lavandero, Gómez Wanguemert, José Briñas y García Oliveras, hicieron su aparición en el lugar donde se realizaría la acción.

Lo cierto era que el contenido de los citados equipos no era de ningún insecticida como era normal y sí gasolina de alto octanaje, por lo que de inmediato se convirtieron en verdaderos lanzallamas.

Al tener conciencia de lo que acontecía los custodios intentaron detener lo que ya era una realidad, lo que fue impedido por el grupo de apoyo de los revolucionarios. El ambiente no podía ser más raro en medio de llamas y de humo por doquier.

Realizada la acción todos los integrantes del comando armado se retiraron en varios autos mezclándose con el tráfico, teniendo la acción un fuerte impacto entre los vecinos del lugar y en los centros de trabajo cercanos.  A ello contribuyó el gran despliegue policíaco y el ir y venir de los carros de  bomberos y el cerco que hicieron diferentes cuerpos represivos rodeando todo el edificio donde se hallaba la Ambar Motors, sobre todo en arterias tan importantes y de tanto tránsito como eran las que convergían en las calles 23 e Infanta.

El hecho, en el cual la dictadura dejó de recibir una buena cantidad de los autos destinados a sus cuerpos policíacos por los daños causados, tuvo lugar cuando el régimen dictatorial tenía las garantías suspendidas y la censura de prensa, impidió que no fuera divulgado hasta los inicios del mes de febrero cuando las mismas fueron restituidas.

Sin lugar a dudas, fue un golpe de indudable trascendencia política, el cual se produjo a pocas semanas de los acontecimientos del 13 de marzo de 1957 cuando también fuerzas del Directorio Revolucionario asaltaron el Palacio Presidencial y la emisora Radio Reloj.

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