De los crímenes de la dictadura. El asesinato de las hermanas Giral

La delación por parte de algunos – con implicaciones revolucionarias o no - causaron sensibles daños en las filas del movimiento clandestino en La Habana. Así sucedió, y solo como un ejemplo, con los mártires del Directorio Revolucionario, en el edificio de Humboldt 7, donde fueron asesinados Fructuoso Rodríguez, Juan Pedro Carbó Serviá, José Machado y Joe Westbroock, el 20 de marzo de 1957.

El 15 de junio de 1958 otra delación llevó al sanguinario Esteban Ventura y su tropa asesina a cometer uno de los crímenes más condenables de aquella etapa de lucha, en que dos mujeres, a la vez hermanas, indefensas, fueron acribilladas a balazos en el apartamento 42 del edificio situado en las calles 19 y 24, en el Vedado.

Horas antes de ocurrir lo anterior y en el apartamento 41, varios integrantes del Directorio Revolucionario: Faure Chomón, Julio García Oliveras, Raúl Díaz Arguelles, Tavo Machín y Mabel San Pedro, habían acordado ejecutar al Ministro de Gobernación de la dictadura Santiago Rey Pernas.

Para lo anterior, los mencionados revolucionarios contaron con la información que había trasladado el estudiante de medicina Vidalio González, quien trabajaba en la consulta del dentista donde acudía con frecuencia para su atención el alto funcionario batistiano.

Era el día 14.  Todo fue coordinado previamente acordándose que el atentado fuera ejecutado por Díaz Arguelles y Tavo Machín.  Sin embargo, hubo un fallo en cuanto a la llegada al consultorio situado en la calle L y 25, en el Vedado.  Esto ocasionó que en el momento de la llegada del comando revolucionario ya el ministro se disponía a marcharse en el auto con su escolta, estableciéndose un tiroteo del cual salvó la vida el ministro, recibiendo solo una herida de bala a sedal en la cara.

El sociópata Ventura Novo, para justificar el crimen, presentó a la prensa supuestas pruebas de la complicidad de las muchachas en acciones armadas, pero eran tan burdas sus argumentaciones que todos las identificaron como evidencias plantadas

Por lógica, el fallido atentado produjo una violenta reacción policíaca con numerosas detenciones, entre otras, la del estudiante Vidalino González, quien no pudo incorporarse a los integrantes de la acción, según lo programado, por haber permanecido en el consultorio. En el interrogatorio que sufrió facilitó la dirección exacta del refugio donde se hallaban los combatientes del Directorio.

Ajenas a lo acontecido y desconociendo totalmente a quienes ocupaban el apartamento vecino, las hermanas Giral regresaron en horas de la noche desde Cienfuegos, después de haber realizado una visita a sus padres. Estaban felices por ello. Era el 15 de junio de 1958.

Para esos momentos, la policía ya había tomado los alrededores del edificio a la vez que habían violentado las puertas de los apartamentos 41 y 42, ambos desocupados y sin haber encontrado documentación revolucionaria alguna.

Ya frente a la puerta de su domicilio las hermanas Giral notaron que la cerradura había sido violentada.  Al dar algunos pasos para adentrarse en su apartamento recibieron una lluvia de plomo salida de las armas policíacas asesinas.  Resultó una verdadera masacre que culminó cuando los cuerpos sin vida de Lourdes y Cristina fueron arrastrados por las escaleras del edificio, y después situados en maleteros de los automóviles de los represores.

Si bien es cierto que las hermanas Giral no habían tenido relación alguna con el Directorio en cuanto a la acción que habían realizado, ellas no estaban ajenas a la lucha que se libraba contra la dictadura.  Ambas, de manera consciente y activa formaban filas en la Resistencia Cívica realizando peligrosas misiones como fue en no pocas ocasiones el traslado de armas y explosivos a grupos insurreccionales. Inclusive, ambas ya habían hablado de su deseo de incorporarse al Ejército Rebelde.

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Doctores Rolando Álvarez Estévez y Marta Guzmán Pascual

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