Medios de comunicación, redes sociales: su rol en el nuevo Plan Cóndor

El control mayoritario de la derecha sobre los principales periódicos, radios, cadenas de televisión y las redes sociales ha desempeñado un rol fundamental en los golpes de Estado, parlamentarios o judiciales contra gobiernos progresistas en América Latina.

En el nuevo Plan Cóndor que aplican la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Gobierno de Estados Unidos a través de sus embajadas en la región, uno de los objetivos principales no es matar a los dirigentes principales, aunque lo han intentado, sino desprestigiarlos, encarcelarlos o inhabilitarlos.

Para sembrar dudas en la población sobre su honestidad y la acción de un gobierno en favor de las mayorías empobrecidas, los medios y las redes difunden noticias falsas, muchas de las cuales se convierten en campañas.

Una noticia falsa o manipulada, al difundirse masivamente, deja una huella inconsciente de confusión en algunos sectores de opinión, y la reiteración en esa dirección, aunque carezca de basamento real, es utilizada para descalificar moralmente a dirigentes populares, vincularlos a hechos de corrupción, inmoralidad o ineptitud para gobernar. Así lo hicieron con Luiz Inácio Lula da Silva  y con Rafael Correa.

El principio expuesto por Joseph Goebbels, ministro de Propaganda de Adolf Hitler, de que una mentira repetida mil veces acaba por considerarse verdad en la opinión pública, ahora es facilitado por el dominio sobre las redes.

En esa misma dirección, el nuevo Plan Cóndor en América Latina ha realizado trabajos de penetración y comprometimiento en algunos sectores, de apoyo tradicional a los procesos de cambio, creando «dirigentes» que ganan seguidores mediante beneficios económicos y logran dividir a las bases.

Resulta impresionante constatar que, en muchos departamentos o provincias de países en esta región, los únicos medios impresos que circulan y las radios o televisoras locales son propiedad de opositores de los procesos de cambio.

Llama la atención la ausencia de corresponsales para los medios identificados con cambios progresistas, y la escasa respuesta en las redes sociales contra las campañas mediáticas que denigran a esos procesos o a sus dirigentes, a lo cual se suman las respuestas creadas por mecanismos informáticos para multiplicar artificialmente mensajes falsos.

Otro rasgo del nuevo libreto de Washington es el escalonamiento y la superposición de conflictos, que impidan a los gobiernos progresistas concentrar su trabajo en los objetivos transformadores, para responder a un conflicto, y luego a otro, otro y otro.

Otro punto común es la fabricación de mártires de las protestas sociales, cuyas muertes en Venezuela fueron comprobadas como obra de francotiradores de los opositores contra sus propios seguidores, para imputar el crimen a fuerzas policiales o a defensores del gobierno.

En la receta de Washington se incluye como ingrediente romper la tranquilidad ciudadana y sembrar el terror mediante grupos violentos.

No menos importante en el patrón Cóndor es el respaldo de organismos internacionales como la oea y del Gobierno de Estados Unidos, para boicotear los intentos integracionistas regionales y amenazar con sanciones.

El financiamiento exterior de la derecha pretende ocultarse igualmente bajo el manto de «apoyos populares», pero quedan al descubierto con las masacres cometidas por las fuerzas represivas. Son visibles los hilos que mueven esta estrategia de sumisión de la región. Que el enemigo no nos convierta en su blanco.

 
 
 
 
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