Naborí en la memoria radial

El Indio NaboríY así escribí sobre el "Indio Nabori" hace ya cinco años:   Hoy es 30 de diciembre de 2005 y estás detenido en el tiempo, o mejor, en el tiempo del otro tiempo. La sutil, tal vez la taimada, deslizó su lazo sobre ti en un  impulso que dejó vacío el sitio de tu existencia terrena. Se trata de una verdad imposible. Pero de otra verdad, la que tú y yo conversamos tantas veces en ese silencio de tu biblioteca, o de la sala de tu casa, punto y partida de los pasos bondadosos de Eloina  acercándonos a su breve sonrisa para iluminar  nuestros descansos en el combate de las palabras, de los recuerdos, de las mínimas emociones que compartíamos. Siempre encendí mi grabadora con la certeza que estabas dejando  memoria definitiva en los casetes que se acumularon para bien de todos. Me acuerdo de tus espacios de silencio que también se grabaron para demostrar que  lo que no se dice tiene  la solidez de lo que se pensó y se dirá en otro momento, incluso, después de la muerte.

Así comenzaba una crónica que escribí  el día decisivo de tu partida hace casi cinco años atrás. Ahora, en  este 30 de Septiembre cuando regresa un año más de tu nacimiento  me nutro de tus  silencios,  los descifro, vuelvo a escuchar tu voz que iba y venía, la cabeza erguida o la mirada buscando en lo alto lo que podías ver.

El Indio Naborí es como ese paisaje de la campiña que nunca se olvida, porque se sabe presencia y esencia de lo que nos pertenece a todos por igual. El es de todos porque de nosotros ha brotado, sin grandes ruidos, como esos frutos que asombran, en el amanecer, sobre la tierra.

Nuestra conversación ocurrió en la biblioteca de su casa para evitar ruidos. Cada cual ocupó un sillón y quedamos frente a frente. Durante la entrevista se mantuvo lúcido.

Tenía el bigote más tupido y ancho que aquel otro que lucía hace unos años y que quedó apresado en numerosas fotos.  En ningún momento se quitó el abrigo, bebimos té, café y ron como dos viejos amigos que descubren que el tiempo es apenas un sitio impenetrable.

-Nací el 30 de septiembre de 1922, en Los Zapotes, antigua finca ganadera de San Miguel del Padrón, entonces barrio de Guanabacoa. Mis padres fueron Eduardo Orta Amador y  María Ruiz Llerena, ella campesina y él montero. Y óyeme esto, cuentan mis mayores, que nací en zurrón, con la piel morada y pesando cinco libras.

Así comenzaron sus declaraciones con esa lentitud animada que atrapaba con la magia de la cadencia.

-¿Cuándo usted supo que era poeta?

-Si poeta se puede llamar al que rima y metrifica una estrofa, me descubrí como poeta a los 9 años, aunque no me lo podía exp0licar entonces. Sentía dentro de mí la necesidad de expresar  algo. Me conmovían ciertas cosas.. te puedo decir que me llamaban la atención los crepúsculos, la tristeza de los palmares que rodeaban mi casa. Al anochecer las palmas se ponen tristes y parece que se recogen. En eso me fijaba.

-Hay un aspecto de su vida poco divulgado: su relación con la Radio. Naborí, ¿cómo se inició esa relación?

-Mis labores en la Radio comenzaron en 1939 en El Progreso Cubano, que así se llamaba la actual Radio Progreso. Empecé como trovador. Me presenté una noche en un programa que se llamaba La Corte Guajira del Arte. El espacio consistía en presentar a los improvisadores, ponerles un pie forzado y el público decidía quién era el mejor. Entonces triunfé. A la dirección de la emisora le atrajo mi actuación. Yo tenía 17 años y empecé a trabajar como artista exclusivo de ese programa y no demoré en ser libretista.

-¿De los propios programas campesinos?

-Campesinos y de todo tipo, porque pude trabajar en las principales radioemisoras de Cuba.  Pero volviendo a los programas campesinos había uno, La Hora Mambisa, donde cantaba Salazar Ramírez, un cantor de guajiras y tonadas de salón que tenía una voz exquisita aunque las letras que escogía parece que no eran buenas, y hubo un periodista que comentó que él cantaba guajira y décimas con una tonada de salón, pero con letras  de cochiquera y sugirió que me dieran la tarea de escribir las décimas para que él las cantara. En esto influyó el hecho de que yo había llamado la atención en mi programa por ciertos aspectos que detectaron los críticos en mi décima campesina. Ahí fue cuando precisamente empecé a escribir y trabajar en la Radio como trovador unas veces y otras como escritor de programas.

Recuerdo como uno de lo momentos más emotivos de nuestro encuentro cuando, sablazo en la memoria, le pregunté:

-¿Cómo definiría la Poesía?.

-Hay numerosas definiciones con las cuales estoy de acuerdo: emoción recordada, sugerencia, síntesis, vivencia. De todo eso se ha hablado, pero en realidad la Poesía es algo indefinible. Por eso Platón dijo que era magia, misterio. Así lo ve también el gran poeta español León Felipe cuando dice:                                      

                                          Deshaced ese verso
                                          quitadle los caireles de la rima,
                                           el metro, la cadencia,
                                           y hasta la idea misma.
                                           Aventad las palabras
                                           y si después queda algo
                                           todavía
                                           eso
                                          será la poesía.

-Le propongo un tema: Naborí y la décima.

-Los llamados poetas cultos, la mayoría, por entonces, desdeñaban la décima. Yo no tenía medios económicos para publicar ni un folleto, así que tuve que publicar e ir pagando de plazo en plazo. Ya desde mi programa de Radio yo venía llamando la atención con mis décimas, y algunos poetas se referían a la carga poética que había en ellas. La radio fue muy importante para que se conocieran. A finales del año  1939 yo leía a Lorca y en sus versos, que siempre me atrajeron, encontré algunas afinidades entre sus imágenes y metáforas que decían nuestros campesinos en su hablar cotidiano. Y por ejemplo, me llamó la atención un poema del  bardo andaluz que decía: donde los bueyes del agua embisten a los juncos.  Yo había oído esa expresión de bueyes del agua en la voz de mi padre, campesino iletrado. Entonces recordé que cuando él veía que el río venía con mucha fuerza decía ahí viene un buey de agua. Me llamó la atención aquella coincidencia y seguí leyendo y estudiando el

Romancero Gitano y en uno de sus romances- La casada Infiel- Lorca escribió:
/Aquella noche corrí/ el mejor de los caminos/, montado en potra de nácar/ sin bridas y sin estribos/. Esos versos me recordaban una redondilla antigua, de autor anónimo que cantaba mi padre y que también se la había oído a los campesinos en varios lugares del país: /Que ganas tengo,  mulata/ que se acabe la molienda/ para soltarle la rienda/ a esta pasión queme mata/. Cuando este poeta anónimo del pueblo cubano dice: …soltarle la rienda a esta pasión que me mata/  esta expresando la misma imagen de la pasión sexual de Lorca. Es decir, hay una afinidad, un parentesco que nos puede haber venido por la sangre directamente desde Andalucía, a través de los pobladores que se asentaron en nuestro país a lo largo del tiempo.

Naborí, cubano, cubanísimo, poeta raigal, hombre que supo apreciar el fuego y la pasión que implica la Radio cubana en la cultura de nuestro país.  Por ello y por tantísimas razones más, siempre que nos encontrábamos e su casa o en algún evento literario al que asistíamos el tema de la Radio  emergía de las profundidades como las aguas de un manantial fresco. El también fue un hombre de Radio y así quedará en nuestra memoria.

-¿Cómo cree que lo recordarán los estudiosos y los poetas dentro de cien años?.


-Sobre  eso no me hago ilusiones…ya lo dije en un soneto: /No me duele morir y que me olviden/ sino morir y no tener memoria./.

-Naborí ¿qué no hubiera podido ser usted en esta vida?.

-En  realidad no hubiera podido ser matemático, ni traidor a la patria, ni traidor a los principios humanistas en defensa de los pobres.
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