Heredar pasión y bondad (+Audio)

 Desde pequeña siempre tuvo claro que la Medicina sería la profesión a la que consagraría la vida. No puede ser otra la determinación cuando se crece entre estetoscopios, recetarios y batas médicas, y se alzan los genes paternales sembrados a la izquierda del alma sublime, noble, ética, humanista y solidaria.

A cada paso exalta la estirpe de bondad de los Torres, de Niquero, un pueblo costero de la provincia de Granma donde mencionar ese apellido es referenciar la familia que creó Fidel Torres Sosa, un Licenciado en Imagenología que por aquellos lares recuerdan con especial cariño: cuatro, de los cinco hijos, son médicos.

Ese es uno de los desafíos hermosos de Mercedes Torres García, de 31 años de edad, especialista de primer grado en Oncología, a cargo de la consulta de tumores de piel y partes blandas y profesora instructora.

“Nos educó y por su formación en el sector de salud, y en reciprocidad cuatro de sus cinco hijos decidimos ser médicos. Todo lo que nos orientó y guio constituye para mis hermanos y para mí un talismán que defendemos cada día.

“Aquello influyó pero, por supuesto, también estuvo el deseo, la vocación hacia esta carrera, porque de lo contrario no triunfas en la profesión a fin a la de tu padre porque no es capricho, es la salud de las personas y además uno tiene que enamorarse de lo que hace porque si no llega la frustración.

“Nos legó una guía de cariño, respeto y admiración hacia la familia, lo sentimos los cuatro y la enaltecemos entre nuestros pacientes que nos quieren y llevamos a la práctica un desempeño que busca la vitalidad de ellos, junto a la satisfacción mutua que ello significa.”

- ¿Por qué la Oncología, una especialidad tan compleja y a veces desgarradora?

“Durante la “rotación” de mi sexto año estuve quince días por el servicio de onco-hematomología y me atrajo lo que nos explicaba el profesor Pi sobre los diagnósticos y tratamientos a los pacientes. Cuando terminamos me dije “seré oncóloga” y aquí estoy. Siempre desee una especialidad directa: optaba por cirugía general pero no me llegó y se presentó esta oportunidad.

“Estudié en Santiago de Cuba desde el 2015 hasta el 2018 en el hospital oncológico de esa ciudad, una experiencia preciosa por mis profesores, los equipos y medios al servicio de los pacientes y de nuestra formación muy rigurosa, me ayudaron mucho.

“Es una especialidad, como bien dices, dolorosa, triste, desgarradora porque son pacientes que al final nos dicen que no son “recuperables” pero cuando se diagnostican en estadios tempranos contribuimos, en gran medida, a una sobrevida elevada con los tratamientos avanzados que disponemos. Eso reconforta al final y siempre tenemos el agradecimiento de los enfermos y sus familiares porque le mejoramos un poco la calidad de vida.”

-¿Mejor persona?

“Muchísimo más, porque nos ayuda a entender varias facetas de la vida porque cuando estás cerca de enfermos que sufren demasiado y los ayudamos con los procedimientos de las diferentes modalidades de quimio o radioterapia o la escala analgésica que aplicamos, gratifica porque constatamos el resultado del esfuerzo que alivia a los pacientes.

- La oncología es una de las especialidades más “golpeadas” por el bloqueo…

“Sí y es una de las cuestiones que más duele porque hemos enfrentado situaciones muy difíciles para acceder a los imprescindibles sueros sitostáticos,  piezas de repuesto para los equipos de radioterapia en los centros donde se ubica ese tipo de servicios, pero más influye hacia lo primero.

“A todo eso imponemos la voluntad, el reto de salvar o mejorar la vida de nuestros semejantes: variamos hacia otros esquemas de tratamientos para contribuir, de una manera u otra, cortar la dispersión de la enfermedad.”

Desde hace cuatro meses, la doctora Torres lidera al grupo de jóvenes que trabaja de lunes a lunes sin mirar el reloj, con apenas minutos para beber agua, merendar o disfrutar los almuerzos y cenas.

Ellos integran el puesto de mando de enfrentamiento a la Covid-19, en el Hospital Provincial Clínico, Quirúrgico y Docente Celia Sánchez Manduley, de esta ciudad del Oriente de Cuba.

“Asumí este desempeño después de mi trabajo en la Zona Roja del hospital. Es una tarea agotadora, pero necesaria: laboramos ininterrumpidamente para actualizar la base de datos que se transmite hacia la dirección provincial de salud pública.

“El doctor Yusmani Martínez Llópiz, es el director del “hospital Covid”; el licenciado Reynaldo Tamayo, el coordinador y yo para atender a los especialistas de asistencia médica, la estadística, los informáticos, atención a la población y el responsable de higiene y epidemiología. Los turnos son de 24 horas.

“Las responsabilidades son bien específicas y bien delimitadas porque aquí recibimos, en su mayoría a pacientes adultos mayores con varias comorbilidades y estados generales descompensados; los menores llegan aquí y también estamos al tanto de todo. Es una labor de equipo, pero muy complicada.

“Requiere de consagración, esfuerzo, disciplina, seriedad, concentración y rigor; transmitir puntuales los despachos hacia dirección provincial de salud pública. Informar a los familiares el estado de los pacientes es un momento muy difícil.

“Las personas tienen que cuidarse mucho y no jugar con la vida, más ahora que el panorama epidemiológico se complejiza. Siempre conmueven las escenas por su carga dolorosa ante el fallecimiento de algún paciente o las secuelas que deja en la mayoría”, concluye la joven doctora Mercedes Torres García, cuya estatura es evidencia suprema que la salud de la Medicina granmense está en buenas y nobles manos.