La certeza del doctor Yunier

 Siempre supo que sus días los dedicaría a las Ciencias Médicas y defendió esa vocación desde el corazón, el sitio donde las motivaciones se “sujetan” a sólidos principios humanistas, éticos y profesionales.

Comenzó la carrera de Licenciatura en Enfermería, pero es uno de los jóvenes a los que por buen rendimiento académico y atendiendo a la disciplina, el rigor y los resultados docentes se les brindó la posibilidad de matricular Medicina. Hoy ya es residente de tercer año de Anestesia y Reanimación. Su nombre es Yunier de la Paz Castillo.

“Cuando “rotamos” por el salón de operaciones me llamó la atención esta especialidad porque facilita el trabajo de las otras. La vida de los pacientes están en nuestras manos, sino es por los anestesiólogos, los demás no pudiesen hacer nada.

“Nos hemos entregado a este combate desde el principio con mucha determinación y una muestra está en que varios de mis colegas asumieron hace unos meses la primera operación de una paciente con apendicitis. Todo salió muy bien. No pude estar en ese frente de combate, pero el orgullo fue grande porque son mis compañeros.”

- Pero está en un frente de combate no menos riesgoso y emocionante…

“Estoy en la zona roja donde permanecen ingresados los pacientes sospechosos de padecer la Covid-19. Ingresan las personas con patologías asociadas, de edad avanzada y “tiras” rápidas positivas o negativas, pero tienen aquellas comorbilidades y entonces requieren de un resultado de PCR. Si el resultado es el primero se traslada hacia otra sala, sino es trasladado a un centro de aislamiento o su hogar. La presión arterial elevada y la diabetes mellitus tanto en hombres como en mujeres son las comorbilidades más frecuentes aquí.”

Yuniel integra el equipo de trabajo que labora en este minuto en la sala 1K del Hospital Clínico Quirúrgico y Docente Celia Sánchez Manduley, la más importante institución asistencial de la región del Guacanayabo, y cuyo colectivo es el encargado de atender a las personas que padecen el Sars–CoV 2 de los trece municipios de la oriental provincia cubana de Granma.

“Un día aquí es muy caluroso porque permaneces “forrado” todo el tiempo y llega el momento que el sudor corre por todo el cuerpo, pero es por nuestra protección que es lo importante.  Tenemos que ayudarlos a todos, rebasar estas patologías.

- ¿Cuánto ha crecido como profesional y persona?

“La pelea contra el nuevo coronavirus la ganaremos, pero requiere de una disciplina y responsabilidad individual muy grande para evitar este tipo de escenas, disminuir la cantidad de pacientes en este tipo de servicios porque la mayoría llegan hasta aquí muy deprimidos.

“Esta tarea me ha hecho crecer como persona, valorar un poco más la vida como el tesoro más valioso que tenemos los seres humanos: la incertidumbre que reflejan en los rostros los enfermos lastima mucho, y ahí es donde nosotros tenemos que convertirnos en psicólogos también y ayudar a levantarles el ánimo, aconsejarlos.

“A veces no desean ni alimentarse o beber agua y los medicamentos para contrarrestar este padecimiento son muy “fuertes”, requieren que la persona esté bien alimentada, hidratada y sobre eso insistimos mucho.

- Pero ustedes también tienen que alimentarse…

“Oiga el esfuerzo del Estado y el Ministerio de Salud Pública de Cuba es grande porque nadie deja de alimentarse en estos lugares, a pesar de las limitaciones derivadas por la propia pandemia y el recrudecimiento del bloqueo. La comida es buena y variada, bebemos mucha agua por el calor y cansancio que experimentamos.

-¿Cansa mucho…?

“Bastante. Son muchas horas de pie con este traje que es muy caluroso: evaluamos los pacientes, chequeamos a cada uno de los parámetros, después escribimos en las historias clínicas y dialogamos un poco. El tiempo transcurre así, pero es gratificante la posibilidad de salvar una vida, de arrebatársela a la muerte, cuestión por la que hiciste un juramento como profesional de la medicina.

“El día de estreno en zona roja “hice” como ocho ingresos y era escribe y escribe, pero hay otras jornadas más tranquilas, como estás por ejemplo. Los familiares están al tanto de todo vía telefónica y nosotros les brindamos detalles de cómo marcha la evolución del paciente.”

- Y sus familiares…

“Muy preocupada porque saben los riesgos a los que uno se enfrenta aquí, pero consciente de que tengo el deber de asumir esta tarea que me encargó el hospital. Lo hago con el mayor placer por la vida de quienes requieren mis esfuerzos y conocimientos profesionales. Eso es lo más bonito; tengo la certeza de que ganaremos esta pelea, seguro que sí.”

- Día de los Padres… (ahí las palabras del especialista se entrecortan un poco, pero no deja de intercambiar con los periodistas).

“Mi hijo tiene 15 años, es mi príncipe. Todos los días hablamos por el móvil. Sí, voy a estar con él y con el resto de la familia, sano y salvo, para festejar el Día de los Padres y después regresar aquí. Es mi deber, seguro que sí.”