Amalio volvió a nacer cuando triunfa la Revolución (+Audio)

Diecisiete de mayo. Día para la celebración, y el compromiso nuevo de monte adentro, y de monte afuera. Agradecimiento pleno. Sueños de Fidel que hoy tocan con las manos la nobleza de la Revolución.

Día para una historia de vida, como la de Amalio Matos González, allá por las intrincadas lomas de Sagua de Tánamo.

Hoja de servicios a la patria de muy especial excepcionalidad, lúcido como un niño, aun sus cercanos 90 años, delegado al Congreso Campesino en Armas de Raúl, fundador, hace 60 años de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Sus palabras, tan nobles como el mismo es, oprimen el pecho, cuando empieza por recordar su niñez difícil, dolorosamente difícil.

“Andar descalzo, rompiendo morí viví, desde que empezamos a caminar para ganarnos la vida, porque éramos huérfanos, y no pude ir más a la escuela”.

Había nacido en La Canoa, pero pronto tienen que mudarse para El Coco, y tratar de sobrevivir en un pedacito de tierra para tres hermanos que le trabajaban al dueño de una finca.

Sin otra opción posible, su madre les pone “un padrastro”, un buen hombre de trabajo, tan pobre como ellos mismos, quien los encamina, “hasta donde puede”, con el dolor de nunca alcanzarle ni para comprarle unos zapatos.

“Una mañana salimos para el trabajo, mi hermano mayor y yo, en el camino, de pronto, le dije: Me voy…voy a ver si me abro camino, porque esto no da para los tres”. Casi dejé de existir, y volví a nacer cuando triunfa la Revolución”.

Corrían los años 56, 57, y la semilla de la Revolución, que comenzaba a germinar en las montañas tuvo en aquel muchachito un fiel soldado, cargando armas, llevando mensajes, trabajando la tierra, y organizando a los campesinos.

“Me pesa no haber podido hacer más, me da pena hacer lo poco que hice, pero no tenía más capacidad, ni más preparación, por eso hoy sigo en la Revolución, y si, ayudé, poco, pero de algo valió al triunfo”.

Sus compañeros de luchas en las montañas, lo eligieron delegado al congreso campesino en armas que se celebró en Soledad de Mayarí Arriba, presidido por el comandante Raúl Castro Ruz.

“Yo no aspiraba a ser delegado, pero es que mis compañeros me nombraron, su resultado mayor es que me obligó a superarme, y de ese congreso no se me olvida nada”.

Orgulloso de la Revolución que él vio nacer, asegura que le faltan las palabras exactas para mostrarle su agradecimiento, y le entristece pensar los obstáculos que le surgen en el camino, como la actual pandemia que nos azota, pero exterioriza  su inmensa felicidad cuando menciona a la nueva generación que asegura la continuidad  victoriosa, y resume el diálogo con Radio Rebelde recordando unas palabras que un día le dijo su amigo, líder campesino, y primer presidente de la ANAP que ahora cumple 60 años:

“Matos, a la Revolución hay que traerla en la sangre”.

Totalmente convencidos, la Revolución se lleva en la sangre.