Los ingredientes del Doctor Simón (+Audio)

Hace menos de una semana que el doctor Aliandry Simón está de regreso en el seno hogareño de la calle Pérez Zorrilla, en la ciudad de Holguín donde residen sus hijos y su familia.

Es ese pedacito de Cuba que añoraba cada noche, cuando bien tarde, culminaba las extenuantes jornadas de peligrosa labor, en un hospital panameño, donde permaneció más de tres meses integrando una brigada del Contingente Henry Reeve.

La presencia de ayuda cubana había sido solicitada expresamente por el gobierno de esa nación para integrarse al combate frente a la Covid-19 en tierras panameñas.

A su talento, a su lealtad sin límites, a los hermosos valores integrales  que su humilde familia le inculcó tempranamente, el “Doctor Simón” como todos le llaman en Holguín, le suma un entrenamiento profesional, en extremo difícil, que lo llevó  a zonas intrincadas, allá por las montañas de Sagua de Tánamo, su tierra natal por cierto, y más recientemente en la no menos difícil sala de cuidados intensivos del cuerpo de guardia, en el emblemático Hospital Lenin, donde incorporó una máxima de vida, hoy razón de su existencia:

“Mientras haya vida, hay que luchar por ella, hay que darlo todo”.

Para lograr esta conversación, exclusiva para Radio Rebelde, tuvimos que “batallar” bien fuerte, pues está convencido de que su labor no es “para pregonarla”, y, de hecho, es la primera ocasión que su voz queda registrada en una grabadora de periodista.

Antes de su reciente misión en Panamá, Simón permaneció tres años en la República Bolivariana de Venezuela, estancia inolvidable, que califica de asignaturas para la profesión y para la vida.

Con apenas 31 años de vida ya tiene abundante parque, como para llenar un libro, experiencias, que quien lo escucha llega a pensar que se trata de un profesional de la medicina con avanzada edad, pero así ha sido de dichoso Simón.

Y todo estuvo sereno en la conversación hasta preguntarle por sus dos pequeños hijos, tema que le hace recordar esas inevitables “nostalgias” nocturnas recordándolos, cada vez que el deber lo lleva a sitios lejanos, o aquel día triste, acabado de llegar a Venezuela, cuando recibió en su consultorio a un niño en estado crítico, quien poco después falleció.

Esas anécdotas, esas vivencias que lo marcan, delatan su apego especial a la casa, a la familia, a los vecinos, y al lindo barrio donde reside, con las viviendas pegadas unas a otras, cercanas en extremo, como integrando una sola familia, que es así, literalmente dicho.

Pero cuando, medio en broma, medio en serio, le decimos: y si esta noche te llamaran de nuevo para integrar otra brigada del contingente y salir de inmediato? “La mochila esta lista, y mis convicciones también”.

Así es, en suma, el Doctor Aliandry Simon.

Está “hecho” con ingredientes que abundan en nuestros jóvenes médicos, esos ingredientes que, sin embargo, están en falta en muchos sitios del mundo.

Por esa causa precisamente, la presencia internacionalista de los médicos cubanos “asusta” a quienes esgrimen soberbia y odio.

Bien saben millones de pobres en recónditos parajes del mundo, que un médico cubano, es sinónimo de amor, valentía, y nobleza, rasgos merecedores de uno, y de muchos Premios Nobel.