“Inyectar” ánimo en Zona Roja

Tiene apenas 20 años de edad, estudia el segundo año de la carrera de medicina en la Facultad de Ciencias Médicas (FCM) Celia Sánchez Manduley, de la ciudad de Manzanillo, en la oriental provincia cubana de Granma, y “un mundo de ilusiones y metas por cumplir que dependen de la voluntad y el interés con el cual las asuma para ser mejor y crecer como persona.”

Así se me presenta a través del chat de la red social de Facebook, el joven manzanillero Fidel Jesús Moreno Cubela, para quien elegir la profesión a la que consagrará la existencia “resultó un dilema porque no tenía antecedentes directos en la familia, sin embargo otros sí: una tía es laboratorista clínico y una prima se desempeña en el área de la rehabilitación y fisioterapia.

“Mis padres también influyeron en la determinación final. Los hábitos y estilos de vida saludables, las dietas y nutrición, así como los ejercicios físicos me interesaron siempre desde adolescente. Después todo resultó más fácil.”

Desde que traspasó el umbral de la institución, a este muchacho lo sedujeron la historia de un centro, construido por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y la permanente consagración del claustro que, a lo largo de casi 40 años, ha moldeado de “altos quilates” la formación de cientos de miles de profesionales del sector de la salud pública para trece municipios granmenses.  

“Las motivaciones y vocación encontraron aquí un fuerte y sostenido impulso porque me he incorporado a decenas de eventos, sociedades científicas e intercambios que facilitan y contribuyen a mi preparación como futuro galeno.”

Pero Moreno Cubela siente que la experiencia más estremecedora y emocionante le llegó con la tristeza y el dolor que significa la propagación de la Covid-19 en la ciudad del Golfo de Guacanayabo “porque nos permitió incorporarnos de manera directa a un especial combate por la salud del pueblo y preservar su vida.”

¿Qué aprendió durante el período de las pesquisas activas en los barrios y las comunidades del municipio?

“Creo que no solo para mí, sino para todos los estudiantes de las ciencias médicas del país, este ha sido un año muy complejo, en el que crecimos como jóvenes y futuros profesionales del sector sanitario al facilitarnos un contacto más cercano con los problemas de salud de las personas durante las tareas de pesquisaje, orientarlos sobre cómo prevenir la enfermedad y cuidarse.

“Durante los cinco años de estudios el vínculo con la atención primaria de salud es muy importante y la aparición del nuevo coronavirus lo ha facilitado, desde las tareas de chequeo hasta esta que realizo actualmente.

“Es un reto hasta para el estudio porque hay que formarse desde la distancia: aprovechamos los espacios familiares, las nuevas tecnologías y los intercambios mediante diversas vías con los profesores y hemos potenciado el uso de la Universidad Virtual.”

Gracias a las posibilidades de acceso a las modernas tecnologías de la información y las comunicaciones, los alumnos de la facultad de ciencias médicas disponen de un grupo de intercambio denominado Los Voluntarios, que integra a los interesados en desarrollar diversas tareas vinculadas al enfrentamiento al mortal virus. 

La primera avanzada, compuesta por diez alumnos de las diversas carreras que se estudian en la institución manzanillera, labora desde hace poco más de una semana en la Zona Roja, del Centro de Aislamiento que acoge la escuela pedagógica Celia Sánchez Manduley, de la Ciudad del Golfo de Guacanayabo.

Los primeros voluntarios en incorporarse son: Darlin Acosta Martín, Maidelis Naranjo Núñez, Dayana Infante González, Luis Enrique Mesa Sánchez, Carolina Rodríguez Yero, Asiel Ramos García, y el estudiante extranjero Dierny Clotaire Boutsindi, alumno de quinto año de medicina y presidente del Consejo de Naciones de la FCM. Al frente de ellos está Fidel.

“Algunos no nos conocíamos, pero sí tenemos claro un objetivo: aportar desde la responsabilidad, desde nuestra actuación a este combate contra un enemigo invisible hoy para la humanidad. Asumimos el riesgo con la disposición que caracteriza a un joven cubano para seguir adelante y vencer aquí donde no todos quieren estar, y donde más esfuerzo se requiere. Es una gratificación mayor.

“El trabajo está organizado por tareas específicas y en la mayoría de los casos se relacionan con el servicio y la atención a los pacientes: les hacemos llegar los alimentos a los cuartos, fumigamos las áreas establecidas e higienizamos los trajes de labor.”

¿Qué le ha impactado más?

“El contacto directo con los pacientes, observar la angustia por la espera del resultado de PCR que te puede poner al límite entre la vida y la muerte es una cuestión estremecedora y aquí estamos nosotros, como jóvenes para ofrecerles aliento de vida, confianza y seguridad, inspiración para continuar e “inyectarles” ánimo.

“Los temores siempre laten a cada paso, pero es la fuerza para continuar y estar al tanto de cumplir con los estrictos protocolos de bioseguridad orientados para este tipo de escenarios. El miedo es una fuente de inspiración para cumplir de manera más efectiva cada tarea y dar lo mejor de nosotros en ella.”

“Sin dudarlo regresaría cuantas veces se requiera mi trabajo aquí: esta es la primera gran misión que como futuros médicos vamos a desempeñar en nuestras carreras porque ha demandado apartarse de la familia, dejar a un lado los estudios y dedicarme solamente al servicio. Es un quehacer muy emotivo.” (Fotos: Cortesía del entrevistado)