La vida es bella (+Audio)

La resolución de invocar el enigma de la creación de la vida fue la conjura a la ausencia y también prueba de amor; consagrada como criatura en vientre fértil.

A sabiendas de cómo se vive, Salvador y Dalila asumieron el reto y, resueltos, decidieron enfrentar las curiosas e insinuantes jugarretas que depara la vida.

Salvador Lavielle es un joven técnico en enfermería de solo 23 años que integró desde hace ya once meses el primer grupo de paramédicos que enfrentó en el hospital militar de Matanzas a un virus desconocido y mortal; capaz de atacar con saña y so pena de muerte, cualquier acción manifiesta de amor y amistad, de afecto y cercanía humana.

Desde aquel 13 de marzo del 2020, Salvador vio su vida trocada en una suerte de leyenda de Sísifo: ingresaba a zona roja, salía de cuarentena; volvía por corto tiempo a casa, para nuevamente; iniciar el ciclo una y otra vez; y así por once meses consecutivos.

Sin embargo, el nuevo período que inició el cuatro de febrero cambió definitivamente su vida.

“Me llaman por teléfono el día cinco y me dicen: a las tres y cuarenta minutos de la tarde vino al mundo Yeison Miguel, fue un parto rápido y sin complicaciones. No sabía que responder. No pude ni reír ni llorar. Esperábamos que el nacimiento fuese el día 17, cuando ya estuviese en casa, recién terminada la cuarentena y mire que ocurrencia la de mi hijo”.

“Al instante, todos mis compañeros me felicitaron y ese sentimiento de estrenarse como padre se alojó en el pecho, con inexplicable sensación. Mis compañeros me recordaron que no fue la primera ocasión que sucede en nuestro hospital y, sobre todo, en tiempo de pandemia. El doctor en ginecología Ramsés Isaac Marrero se estrenó como papá el 19 de mayo del pasado año, a escasos días de haber asistido a la cesárea de una mamá positiva a la COVID-19, él tampoco pudo acudir al parto de su esposa y como yo; sólo les pudo ver unos cuantos días después”.

“Sabía que me quedaba tiempo de trabajo y luego, casi una semana de cuarentena; por lo que extremé como nunca antes las medidas de bioseguridad. No podía enfermar, no me había ocurrido en todas estas oportunidades y mucho podría ocurrir ahora. Lo cierto es que casi acabo con el teléfono y los ahorros para conocer de mi esposa y el bebé”.

- De ahí que la alegría te llevase a publicarlo en tu muro en Facebook.

“Sabes, eso lo pensé muchas veces y me decidí para que se comprenda el esfuerzo que hacemos los trabajadores de la salud por preservar la vida, para ganarle la partida a la muerte”.

“Invité a pensar en lo que significa el sacrificio de trabajar con absoluta entrega, a riesgo de enfermar porque uno se codea con pacientes positivos; de encontrar paciencia en los períodos de cuarentena cuando sabemos que la familia se queda sola y a la vez, preocupada por uno”.

“Fue en esencia un llamado más que al reconocimiento de nuestro trabajo, a cumplir las medidas de distanciamiento social, a usar el nasobuco, a cuidar la vida y también por qué no; a que piensen en nosotros que nunca renunciaremos al deber”.

- Sin embargo, la vida te ha reservado otra jugarreta, y justamente hoy que terminas la cuarentena con PCR negativo, un día antes de lo planificado ¿no es así?

-(Risas) “Es cierto, mi esposa que es enfermera de la sala de ortopedia en el hospital Faustino Pérez aprovechó mis días de cuarentena para presentar a Yeison Miguel a su abuela en Unión de Reyes y planificó el regreso para mañana”.

- ¿Entonces?

“Pues la espera será doblemente saboreada y sí, estas horas serán largas, pero compensan tanto como para reconocer que la vida es bella”.