#CubaRadio94: La Voz del Aire, después Radio Voz

El Portal de la Radio Cubana continúa el relato de la Radio en la etapa pre revolucionaria, un testimonio exclusivo que el destacado realizador Pedro Yera Diego le contara al insigne locutor Cesar Arredondo, autor del primer audio libro promocionado por este espacio digital.

Hoy la referencia es para la emisora La Voz del Aire, que después adquirió el nombre de Radio Voz y que transmitiera su señal por los 760 kilociclos (Kc).   

Esta emisora La Voz del Aire, otra de las que se escuchaba, a veces, hasta fuera de la capital; pudiera decir jocosamente, que: “cuando el viento soplaba para allá”.  Se ubicaba en G y 25, en los altos del Hotel  Palace.

¿Sus propietarios? los dueños de esta emisora  y de Radio Lavín: Mario y Gilberto.  De ambos  decían: “los hijos de papá Lavín”. Este fue también,  el dueño de la 1010, que compró el Partido Socialista Popular (PSP), en 1947.  De Radio Lavín hablaremos más adelante.

La Voz del Aire poseía  para la época,  un importante  transmisor de 10 kilowatts de potencia o salida, como también se dice; por ello, lógicamente, gastaba mucho más electricidad. Su frecuencia era excelente.

Me doy cuenta hoy de que de las emisoras  locales habaneras,  las de más potencia,  resultaron las que se podían escuchar en Caridad 3. Los chinchalitos, por mucho que pujaran, no lo lograban.

Como nota interesante digamos que en 1945, auspiciado por la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano (AAASM), se transmitía  por esta emisora, el programa: “Escuchando a Martí”, con una frecuencia semanal. Claro que no resultaba un gesto patriótico de la emisora; era, uno más, de los programas que pagaban para difundirse. Se trataba de un gesto económico.

A propósito de La Voz del Aire una anécdota que pudimos  conocer, gracias a Pedro Yera y al colega  Mario Blanco Blanco, quien trabajó en esa emisora y conocí  después como administrador de Radio Reloj, en 1966. Aquí está:

Periódicamente se firmaba el convenio laboral entre la dirección de la emisora y sus trabajadores, que digamos de paso, en esa  época  no era el sindicato; no existía en el sector radial. Esa función la asumía el Colegio de locutores, operadores y periodistas. Estaba aplicado el principio de “divide y vencerás”.

Se iniciaron los forcejeos, más o menos. Todo fluía bien, sin mayores inconvenientes.  Pero algo rompería la unanimidad. Verán:

Algún tiempo antes se había presentado, sin que alguien lo invitara, un pequeño  y  mugriento  perro sato, dispuesto a ganarse un lugar en el colectivo de la emisora. ¡Y lo logró! Lo asimilaron, alimentaron y mejoró su porte y aspecto.

Pero ahí no quedaron las pretensiones de sus  mecenas.  Empíricamente,  lo adiestraron.  Lo enseñaron a comportarse adecuadamente, como debe ser, en un estudio de radio y de tal manera, que cuando se encendía el bombillito que señalaba Silencio. En el Aire,  él, automáticamente, se callaba y cuando se apagaba, liberado y alegre, comenzaba a ladrar.

Era el amor  y gozo de locutores, operadores y demás. Le ofrecían un tratamiento diferenciado. Casi el de un perro de la “High”.

Como les contaba: iba ya a efectuarse el acto de firma del contrato,  mas en ese momento exacto, alguien levantó una mano y el tono de la voz para exclamar: “Señores, falta algo que no debemos obviar en este importante acto legal.” “¿Qué es lo que falta? porque a mí me parece que está todo”, preguntó extrañado y algo molesto, Mario Lavín. “Yo propongo que se incluya, como una cláusula especial,  la comida de Cachirulo, que, en la práctica es un miembro más de este colectivo”,  reafirmaba el  nuevo ponente.

La reacción momentánea fue,  primero de extrañeza  y risas de algunos. La del director expresada con estas palabras:” Estoy de acuerdo, yo pagaré la alimentación del can”

Una minihistoria

Un empresario de apellido Bilavoy, dueño del  periódico Mañana y de Cubana de Aviación,  compró  La Voz del Aire.  Puso al frente de la misma a un hábil personaje de apellido Cabrera, al que le decían Cabrerita;  un periodista muy conocedor de esta actividad.

La  emisora fue trasladada entonces,  para los estudios de Radio Cadena Suaritos, que también había comprado Bilavoy. O sea, que se ubicaron en el mismo local dos emisoras: Radio Aeropuerto Internacional, Frecuencia de Oro y Radio Voz, pues Radio Suaritos había finalizado sus transmisiones con este indicativo.

Sí, en 25 y 8, instaló un Radio Reloj, como el original  y le llamó Radio Voz.  Se llevó locutores de la Radio Reloj de los Mestre.  Pagaba mejores salarios y tenía mejor frecuencia, 760 Kc.  Muy fácil  de sintonizar.