Joaquín Cuartas: Felicidades en tus juveniles 80

Estoy segura que fue a mediados de los años 90. Yo estaba en una cola en La Habana para no sé qué. Eran casi las 11 de la mañana, y la impaciencia me comía. De pronto lo vi: un hombre alto, con collares, sintonizaba su radio.

Me acerqué para pedirle un favor y escuché las notas musicales de presentación de Cuando la vida vuelve.

Alrededor de aquel radioyente aficionado, nos agolpamos un grupo de seguidores de la radio novela que paraba la nación y no exagero. Yo empecé a  escucharla porque mi madre siempre sintonizaba Radio Progreso a las 11 de la mañana.

Y aquel día de la cola, el empuja empuja, decidí localizar a quien había escrito una historia que tenía obnubilada a una buena parte de Cuba. Al fin lo localicé. Era, por suerte es, Joaquín Cuartas.

La primera vez que nos vimos no es como ahora que ambos utilizamos vocablos impublicables en cualquier medio. Mi entrevista vio la luz en la revista Bohemia y una nota en Radio Reloj, donde yo trabajaba entonces.

Conocí por él y por otras personas que ese hombre innovador, usando el narrador como un personaje, había ganado un premio Casa de las Américas y los premios españoles de teatro Margarita Xirgú y Tirso de Molina, además de un carretón de galardones  nacionales por su escritura radial.

Seguidor de Félix B. Caignet, a quien homenajeó con Cuando la vida vuelve, Joaquín  no oculta su pasión por el melodrama, los diálogos voluptuosos y las historias de amores contrariados.

Con esa novela, el espacio Como agua para chocolate (que organizábamos Lizette Vila y yo en la UNEAC) rompió cualquier expectativa.

Vinieron personas de Matanzas, Círculos de abuelos de La Lisa, todos con meriendas  y pomos de agua, (era lo más álgido del Período Especial); la Sala Rubén Martínez Villena se repletó e hicimos el encuentro en el patio; la calle 17 fue tomada por los radioyentes y Abel Prieto, entonces Presidente de la organización de artistas, se asomó a ver la causa de la aglomeración.

Vi los ojos de Joaquín llenos de lágrimas, ni antes ni después lo he visto tan emocionado.  Ese creador, un clásico jodedor cubano, tiene un corazoncito lleno de ternura, por eso puede escribir y crear los mundos más maravillosos e increíbles.

Mi amigo, con quien río a mares cada  vez que lo llamo, cumple 80 juveniles años este 29 de septiembre, y lo hace escribiendo en una máquina, no toca la computadora. Ahhh, por si alguien te lee esto, Joaquín, ¡¡¡¡¡ME DEBES UN  ALMUERZO DESDE HACE UNA DÉCADA!!!!!, espero me lo pagues antes de que llegues a los 90 con ese mismo corazón de hoy.

Pin It

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar