Ado Sanz Milá, el Príncipe de las Palabras
Nunca traicionó la alegría que quizás lo hizo un ser infatigable, parecía estar en todas partes, lo sorprendía el amanecer con la inspiración intacta para escribir guiones, y luego la mañana se le podía ir en un aula universitaria donde compartía el amor por el arte de la palabra.
